martes, noviembre 21, 2006

Delectatio morosa



De espira en espira

De madre a padre

De mi padre en mí

Fue naciendo el doble rostro

Horrendo

De toro y de serpiente

De la Niña cuyo nombre no se puede decir:

Así lo que se atoró en el nudo (heracleótico)

Vuelve siempre reptando

Se fue asiendo en madeja

Que todo lo envuelve



Allí donde Ananké se hubo enroscado una vez

(En torno a la carne radiante del TiempoSinVejez)

Fue el comienzo de la Historia

Cuando yo caminaba

Ella caminaba conmigo

Cuando me arrodillaba ella lo hacía también

A veces las chicas que normalmente hablaban entre ellas

Ignorándome

Me hacían una seña para que me acercara

Si cerraba los ojos, desaparecían

Pero seguía sintiendo sus presencias

Era como si condividiéramos un mismo ser

Un alma

Y a todas ellas, yo las llamaba mi familia



Llegué a contar hasta quince imágenes de mí misma

En edades diferentes

A veces me fastidiaban, porque una  

Se me ponía delante para no dejarme ver

Así, yo siempre supe casi todo, lo que debía suceder

Y si fui virgen alguna vez

Nunca fui inocente



Antes de mí era mi madre la que huía

De la flecha que se dirige hacia atrás

Para hincarse en el Origen

Mi madre huía, y mi padre no se cansaba de perseguirla

En mi nombre, el saqueo y el asesinato

Quedaron para siempre superpuestos a una belleza sin nombre:

La niña que yo era, debía ser la Niña

Ya que un viejo entuerto había, entre dos hermanos poderosos

Y mi doble anillo debería pasarse, de dedo en dedo

Como rehén



Mi madre intentó ocultarme a mi destino

Encontró una gruta insospechable

Quiso llevarme allí, como a un altar nupcial

Donde todos ofrecerían sus presentes

Por un himeneo sin violaciones:

¡Ilusa!

En un carruaje imponente

Cubierta por el cinto oscuro de una nube

Ella guiaba las alas de los inquietos dragones

Que se precipitaban como caballos lanzados en el viento



Mi nodriza

Dedicada como siempre a cardar la lana

Cantaba mientras trabajaba

Perséfone, no podrás escapar, estás predestinada...

Yo reía ante el opaco espejo de bronce

Y mi imagen me imitaba cuchicheando con sus amigas

A veces bajo el abrazador sol del mediodía

Me desataba el (¡casto!) sostén

Y refrescaba mi piel con el agua de la fuente

Dejando por un momento de urdir

Los pesados hilos, del telar de Palas



Pero a los ojos de mi padre nada pudo ocultarme

En su corazón, un huracán de preocupaciones

Que nunca duerme, silbaba constantemente

Él empezaba a arder con la más grande antorcha

Que haya podido surgir, de una pequeña chispa

Toro, padre de serpiente y padre de toro serpiente

En la montaña el Oculto

El Aguijón



Mi sueño era entonces una invasión del cuerpo y de la mente:

Theós diá kolpou

(Dios a través del vientre)

Hacerse íntimo, de lo que nos es más extraño

Allí donde yo estoy, mana el agua

Mi ojo es líquido

Ondulante como las olas, se renueva siempre

(¡Hay algo más extraño, acaso, que una serpiente!)

El toro salió del mar y al mar volvió a arrojarse



La escena sucedió en Creta o en Postunja:

Antes de que la niña pudiera defenderse

Su piel blanca se pegaba a las escamas

De aquél que la lamía con baba amorosa

Aflojó la corona de espigas Demetra

Liberando los largos rizos

Que fueron a envolver su cuello

Las mejillas de la diosa se bañaron en lágrimas

Se hallaba estremecida a causa de su hija

Pues Eros, con un sólo proyectil llameante

Había enloquecido a tantos pretendientes:

Temía especialmente a Hefesto

¡Que no tenga su hija un marido cojo!

Así son los padres de un único hijo

Siempre temen por sus niños mimados…



A causa de estos himeneos de dragón

El vientre de Perséfone se hinchó de fecunda progenie

Y dio a luz a Zagreo

Un vástago cornudo

Él, por sí sólo, subió sobre el celeste trono de Zeus

Y con su pequeña mano de recién nacido

Blandió el Relámpago


Texto: Eduardo Magoo Nico