miércoles, mayo 17, 2006

Yuyo de rayo



Hubo un dios-planta de los arios

Aunque entre ellos no creciera fácilmente

Los mayas lo adoraban

También los nahua y los siberianos

Los finlandeses y los lapones

Soma, Una Gamba, Ojo Único

Con la lengua en la panza y en pedo

Lo llamaban Segunda Vista

Los escoceses



En una velada zapoteca

Si una joven mujer desaparecía

Él te decía donde encontrarla

Si un burro caía en un barranco

Él te ayudaba a hallarlo

Y si un muchacho se ha escapado

Y nadie sabe de él

Él te dirá como se encuentra



Tres ruegos conlleva su sacrificio

Uno es para la Tierra Madre

Uno para el Gran Rayo que lo originó

Uno para el Rayo que le echó sangre al Piule

Así, el no nacido de semilla crecerá

Kakuliá es como lo llaman

En el mercado de Antigua

Donde se lo distingue

Como a los griegos de ayer

De sus vecinos de hoy



En ese mercado se dice:

Que los Nahuales preguntaron a los Doce Árboles Sagrados

Quién de ellos quería gobernar sobre la tierra

Y sólo uno aceptó el encargo

El más chiquito llamado Chipi

El hermanito

Parece que al Chipi un sueño le había dicho

Que debía buscar el lugar donde el palo de pito crece

Entre muchos hongos enanitos 

Cuando Chipi encontró el lugar

Vio el palo todavía humeante

Partido por un rayo

Dentro de él un rostro entero

Descubrió tallando

De cada corte salió un quejido

Y con cada quejido, la entonada voz

De un canto:

Kakuliá Huracán, Chipi Chipi Kakuliá

Dijo la saeta

Raxa Kakuliá

El primero Con Una Pierna Sola

El segundo Rayo Enano será

El tercero es la Luz Verde

Y todos vieron luego

Que lo que reunidos hicieron

Era el  sagrado corazón de los cielos

Grande como un halcón

E hijo del Padre-Madre



Entonces dijimos:



No pretendemos entenderte

Y sin embargo no te malinterpretamos

Lenta y dulcemente

Lo más dulcemente que podamos

Te masticaremos

Y pediremos

Que corra por nosotros una gota de tu Cuerpo



Mas luego Ella, así quiso iniciarme:

Bebe esta gota que yo obtuve masticando

Machacando con mis dientes, junto al trigo

La hogaza, la cebada, los elogios

Y la sabiduría de los Savia

Visión genuina

Es este dios solitario

Una inmensa reunión en torno a un trueno



El Mysterium Tremendum

No emana sólo de cada objeto

Indistintamente

Sino de los objetos más destacadamente

Banales

Una puerta cualquiera

Apenas se entreabre:

No sólo vemos la puerta

Sino lo que está detrás

La sinfonía del espacio-tiempo

Tiene entonces su Obertura

La puerta es como un espejo

Que nos devuelve su imagen

Hasta que ella misma se vuelve transparente

(Nuestro presagio la transparenta)

No está por entrar este u otro acontecimiento, o personaje

Con su séquito de felicidad, o infelicidad

Es el Tiempo el que se corre

Como un cortinado

Y es a través de ese marco que el Destino

In summa

Como Montaña

Nos proyecta su sombra

Texto: Eduardo Magoo Nico

Incursio



Solo es perfecto

Uno de los innumerables puntos

Que transforman sin tregua

Lo existente

Pero ese punto tiene un vicio (oculto)

El punto que cierra

Es el que da la muerte

A los enfermos de la perfección

El amor da sin embargo

Una perfección, que no muere

Pues el amor verdadero

Es la combinación imperecedera

De lo perfecto y de lo muerto

En un punto determinado de la historia

(De toda historia de amor)

Cuando los palacios están incendiados

La escritura perdida, el oro inhallable

Los hijos abandonados, la familia aborrecida

Elegimos la perfección contra la fuerza

Si la fuerza sueña una expansión indefinida

La perfección no puede

Debe restringir siempre el círculo

Cerrar el iris

Abandonarse a una larga, minuciosa (extática)

Exposición

Al deseo de una lámina

A un tiempo afilada y veloz

Que guillotine

En ese punto

En ese preciso (imperecedero) instante

El Deslumbre

La imagen que se abre como el grano de la espiga

(Divina eclosión)

Bromío

Ergot

Quien regresa de ese punto

(Negro tu pelo de trigal carbonizado)

Ríe y llora como todos

(Pero, no ya como débiles presagios

De temblequeante humanidad)

Porque nuestra risa y nuestro llanto

Habrán vivido siempre después de lo perfecto

Y más allá de la muerte…

En ese entonces

Acompañado por el dios infatigable

Yo era un sonido y una antorcha

Y vos esa chiquilla

(¿Hija, corazón, irías a recoger un poco de azafrán para tu madre?)

Que por una rasgadura de la túnica

Dejaba asomar una tetilla

Luz pura de pleno verano

Lágrima que ríe

Esa eras vos

La madre y la hija

Inseparables

Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Gustavo Piccinini.