jueves, junio 07, 2018

La niña mugrienta




Una vaga insinuación de brisa

Simula

Amaga

Hasta casi tocarme la cara

(Una vieja foto tajeada

Y enredada en un sauce)

Mojada por las brumas del riachuelo



Tenía que ser así y así ha sido

El gotear monótono de las páginas

Y de los días

El clarear

Una fecunda llovizna de oro

En el cumplimiento del amanecer



La lejana mancha negra y tuerta

(Casi un insecto)

Se acerca temerosa

Me escucha con ojos desconfiados y tenaces

Pide cuentos



Avergonzada y lastimosa prueba

Es su ausencia

La hermosura no es indispensable

Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Gabriel Martino

viernes, febrero 16, 2018

Zamba


El patio era sobrio y los malvones mudos
Profundas arrugas en los árboles viejos
Un halo verdeante de luz
El musgo
Cerdos salvajes, un pozo azul
Espacios en calma

Levantar un dedo
Sacudir la cabeza
Las palabras hicieron allí la risa y el suspiro
(Una fuente profunda y tenebrosa)
Tocaron el velo que separa a los amantes…

Él regresó a la carcasa de su corazón extranjero
Ella se volvió altiva como el atrio y los geranios:
Vagaba por el salón de los libros
-¡Ah, la variedad de las cosas de este mundo!
Racimos de abejas
Columnas de miel

Sintió temblar en los mosaicos
Un pueblo invisible y discordante
Sutilmente carnoso en las miradas
Un torbellino de rebaños teñidos con la misma sangre
Ávido de emancipaciòn…

Inútil tristeza
El lomo rayado de los puercos
Un monte bajo
El umbroso santuario del Ombú
Y en el pozo cuadrado del cielo
Una hormigueante inmensidad
El llanto
La mujer amada

Tendido en el ninfeo
Halló su propio cadáver
Sin embargo, puesto que conocía de verdad
La tristeza
Y el amor
La muerte continuó llorando

Alta y sombría casa
Fuente de mis sonrisas
Cielo turbio y verde
Senos metálicos
Cabellera africana


Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Gustavo Piccinini

martes, diciembre 05, 2017

César Aira - La luz argentina



“El relámpago seguía siendo instantáneo, nadie lo negaba. Pero lo instantáneo se volvía eterno, por el solo hecho de que alguien lo pensara suspendido. Algo así, se decía Reynaldo, debía de haber sucedido con los famosos jardines colgantes de Babilonia. Un jardín, el del Edén por ejemplo, o cualquier otro, uno de los tantos vergeles que ocuparon la imaginación desocupando a los pensamientos, es en su posibilidad la clave del ocultamiento de las ideas, los Gedanken, un bello sitio salvaje oculta el sombrero de Napoleón, según la famosa analogía, y otras muchas cosas que no se sabe qué son. Es que en el tiempo de la naturaleza el pensamiento no tiene tiempo para hacer frases. Una semilla, por ejemplo, germina en un instante, en el instante de un instante. Cada frase es un dibujito disimulado. El todo resulta difícil de imaginar, porque no hay superficie: los planos están, precisamente, suspendidos. Una muchedumbre perdida entre los árboles buscando el sombrero de Napoleón, puede perder mucho tiempo. Los jardines de Semíramis, en algún momento de la historia, fueron la corona final de la política. De la política más sagaz, ya que embaucaban al mundo con una metáfora demasiado evidente de la actividad humana. Con un exceso de fotosíntesis. Porque siempre habría una reina dispuesta a retraerse en la sombra del follaje diurno. Un misterio sin enigmas, como los relámpagos.”

César Aira, “La luz argentina”, pag. 57. Centro Editor de América Latina – Capítulo – (1983).
Foto: Alejandro Pi-hué.

sábado, octubre 28, 2017

La sirenita II



La sirenita, amor de la ballena por los náufragos

Animal de piel fría y sangre caliente

Sobre una roca en la rompiente

Repasa su pasión terrestre



Hay una infamia en lo que de ella viene

Parte y enluta

Una blancura excesiva y transparente

Ofelia de cuya mano se abre el ramo

En el agua lenta del estanque



Leves los toques que sentimos

(Casi imperceptibles empujones)

Sin embargo en la tibieza y liviandad

De ese primer abrazo

Se escondía la potencia de una fuerza superior



Nosotros, que creíamos decir solo lo nuevo

Perdimos la palabra

En esa tierra de ninguno

(El lugar de nuestro encuentro)

Silencio que antecede el canto

Y le otorga una voz



Yo (que no quise saber)

Cómo el cuerpo de una mujer

Podría ser acariciado

De sus tetas blandas me prendí

Como un parásito insaciable



Ahora vuelven a mí las palabras

Que en vos hubiese aborrecido

Foca parlante…

Viscosidades, equívocos, espasmos

Ranosidades, anemia, pólipo

Proteo, coral, hidromedusa

Escualo, ansiedad, sonambulismo

Biso, hipocampo, erizo

Loloch loloch (amorcito)

Lola pirá, piramboiita, cururú…

¡Siestas de sol!

¡Siestita!

Y ese tu "huele a sobaco de lobo"

Dicho con un mohín tramposo



Uno viene como dormido

Cuando vuelve al tranco del desierto

Basta el declinar de un parpadeo

Para que sus hilos invisibles me envuelvan

En la dulce cautividad de quien por bien poco se rinde…

Dos pálidas camelias o un rubicundo eucalipto

Son suficientes

Para verme lanzado, nuevamente

Sobre el delirio del mar


Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Magoo

viernes, febrero 24, 2017

El olvido



Me preparé largamente para la lluvia
(Nosotros los pobres, los invictos)
Para licuarme el alma

Hace cuatro cinco estaciones llueve
Luego siguió lloviendo
Así vino el nombre de lo llovido
(Como del maullido de un gato)
No escrito
No pensado
Cantidad de veces no entendido
(Mojado)

Maúllo
Nado
Hace cuatro cinco estaciones
Veo llover lo llovido
(No escrito)
Gafas

Ella fue una visita al pasado
Una sesión de espiritismo
Una sonrisa
Una niebla que cualquier otro
Podría haber atravesado en mi lugar

Encogido  
Inmóvil en la parte más alta del mundo
Tenía ahora su conciencia
En el centro de la perfecta soledad
Que había supuesto

Me preparé largamente para la lluvia
(Nosotros los pobres, los invictos)
Para licuarme el alma

Texto: Eduardo Magoo Nico
Imagen: Paul Delvaux

viernes, diciembre 23, 2016

No hay vida - Hecatombe




No hay vida



No, no hay vida en esta vida pibe

No hay novela

Algunos ruidos extraños que ya escucharás

Y lo demás es puro cuento

Un carrito de rulemanes en una ruta de aceite…

Mi alma está lubricada

Es la lubricidad misma



En el lugar del comienzo el texto de otro

En el lugar de la magia los números

En el lugar del saber el qué sé yo

En el lugar del futuro…

Erguido y aterrado

Por alguna razón

Mi cuerpo

Hoy se siente angélico



Crepúsculo

Las cúpulas invertidas

De un cielo de rosa intenso

El chispazo en un instante

De dos patos en un charco…



Cuando la naturaleza se incorpora

Y el hombre se hace estaca

Hasta el más leve pestañeo en la mirada de una vaca

Puede destruirlo todo



Entonces creía saber algo de ese todo…

Y lo sabía en el momento

En que, acabando de romperse

Ya no sabía nada



Hecatombe

La imagen de una desnuda durmiente
Bañada de luz blanca
Sale a la calle portando una lámpara:
Huelo en mi sudor una suciedad aún mayor
Que la de la muerte

La sangre de una mujer
Luego la sangre de otra mujer
Luego la mía
Los focos del alumbrado llueven diagonales blancas
Sobre el gris parejo de adoquín
Dos ojos vaciados en negro

La lámpara que parece proteger con su gesto
Ya no está entre sus manos
Aparecen en el fondo otras lámparas
Que se multiplican
Para dibujar un trayecto
El que ella recorre
En veinticuatro preludios de silencio
Lleva un vestido de encaje
Que se desliza sin pliegues por el suelo
Tiene el aspecto hipnótico de las grandes muñecas
Mientras viene sin avanzar
Ella misma se va, dejando marcas

Ahora está tu desnudo en un andén de techo de cristal
Tus ojos están cerrados
Tu expresión es lívida
Llevas el pelo suelto
Y milagrosamente se sostiene por detrás
Un desabillé de tul bordado
Tus pechos acompañan el ángulo de tus pies
Abiertos al ensueño

Cubiertos por las cenizas de un viernes
Tus ojos cerrados me averguenzan
Y yo soy el que desnudo me encajo
Y obturo con mi muerte
La vía regia en terciopelo de tu sueño

Silencio del dogma
Silencio de las escrituras
Todas la luces
Para que no despiertes


Texto: Eduardo Magoo Nico
Imagen: Paul Delvaux, "Soledad". 


miércoles, junio 08, 2016

Ka clásico




Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo desde luego
(La vacuidad engorda)
Rapto 
Y parto
Rápidos casamientos
Fatalidad lexicográfica
Amor rubio
Sabia savia de la reversión y del relevo
En el sendero declinante del impulso

Varona
Párpado de metal
(Ningún negocio abierto)
Había renacido en mí
Con otro nombre
(Lo encontré en un poema)
Bajo otro nombre, yo
(Lo perdí en un poema)

Amurado
A gogó
(Aié ají ajó)

De parche en parche bochincheo
Toco el bombo 
(Bongó borocotó)
Pero no toco, no
Hago que toco
Con la punta del palito, la latita
(Robo la guita)
Pero no toco

¡Tata, tatita!
¡De tango en tambo, te hiciste!
En bosta y nafta y noria
(Pero yo no toco...)
No

Varona
Parpados de metal
Nobles figuras en rescoldo
Persianas bajas
Pasión morocha

-Déale ché, levantesé
(¡Álzate alma, asume un oportuno vigor!)

Y dejá de canturrear tu cantilena...
¡Ma que Empalme Lobos, ni Empalme SanVicente!
Acá se acabó el biógrafo
¡Mirá el portón!
¡Tenés que pensar en el globito!
En el globito de Huracán...

¡Abrí el ojo!
¿Vés como empieza a levantarse?
Lo primero que hay que hacer
Es inflar una personalidad
(Lo dijo doña Petrona...)

Después viene el relleno:
Pensá en Gato, pensá en Mancha
Pensá en algún otro, que podés ser vos
Pensá en Ramsés, pensá en Pihué, pensá en Mourinho
¡Metéte adentro, te digo!
¡Entrá en la paja!
¡Entrá, aunque te pinche!
Una espina más o menos...
¡Tenés que decir Yo, entendés!
¡Yo! Pelotudo...

¿Yo?
Yo: Eructo
Eructo sin permiso
Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo, desde luego
(La vacuidad engorda)
Y siempre es demasiado poco
Lo bastante
(La pucha, ningún negocio abierto)

En la vereda, el hembrimacho ondula
Dengoso
Había nacido por mí
A la alegría del color
Al mundo en el que impera, la divinidad mortal
De las cosas triviales... ¡Je! ¡Je!

¿Cómo hacer para abolir lo klásico?

Texto: Eduardo Magoo Nico