sábado, octubre 28, 2017

La sirenita II



La sirenita, amor de la ballena por los náufragos

Animal de piel fría y sangre caliente

Sobre una roca en la rompiente

Repasa su pasión terrestre



Hay una infamia en lo que de ella viene

Parte y enluta

Una blancura excesiva y transparente

Ofelia de cuya mano se abre el ramo

En el agua lenta del estanque



Leves los toques que sentimos

(Casi imperceptibles empujones)

Sin embargo en la tibieza y liviandad

De ese primer abrazo

Se escondía la potencia de una fuerza superior



Nosotros, que creíamos decir solo lo nuevo

Perdimos la palabra

En esa tierra de ninguno

(El lugar de nuestro encuentro)

Silencio que antecede el canto

Y le otorga una voz



Yo (que no quise saber)

Cómo el cuerpo de una mujer

Podría ser acariciado

De sus tetas blandas me prendí

Como un parásito insaciable



Ahora vuelven a mí las palabras

Que en vos hubiese aborrecido

Foca parlante…

Viscosidades, equívocos, espasmos

Ranosidades, anemia, pólipo

Proteo, coral, hidromedusa

Escualo, ansiedad, sonambulismo

Biso, hipocampo, erizo

Loloch loloch (amorcito)

Lola pirá, piramboiita, cururú…

¡Siestas de sol!

¡Siestita!

Y ese tu "huele a sobaco de lobo"

Dicho con un mohín tramposo



Uno viene como dormido

Cuando vuelve al tranco del desierto

Basta el declinar de un parpadeo

Para que sus hilos invisibles me envuelvan

En la dulce cautividad de quien por bien poco se rinde…

Dos pálidas camelias o un rubicundo eucalipto

Son suficientes

Para verme lanzado, nuevamente

Sobre el delirio del mar


Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Magoo

viernes, febrero 24, 2017

El olvido



Me preparé largamente para la lluvia
(Nosotros los pobres, los invictos)
Para licuarme el alma

Hace cuatro cinco estaciones llueve
Luego siguió lloviendo
Así vino el nombre de lo llovido
(Como del maullido de un gato)
No escrito
No pensado
Cantidad de veces no entendido
(Mojado)

Maúllo
Nado
Hace cuatro cinco estaciones
Veo llover lo llovido
(No escrito)
Gafas

Ella fue una visita al pasado
Una sesión de espiritismo
Una sonrisa
Una niebla que cualquier otro
Podría haber atravesado en mi lugar

Encogido  
Inmóvil en la parte más alta del mundo
Tenía ahora su conciencia
En el centro de la perfecta soledad
Que había supuesto

Me preparé largamente para la lluvia
(Nosotros los pobres, los invictos)
Para licuarme el alma

Texto: Eduardo Magoo Nico
Imagen: Paul Delvaux

viernes, diciembre 23, 2016

No hay vida - Hecatombe




No hay vida



No, no hay vida en esta vida pibe

No hay novela

Algunos ruidos extraños que ya escucharás

Y lo demás es puro cuento

Un carrito de rulemanes en una ruta de aceite…

Mi alma está lubricada

Es la lubricidad misma



En el lugar del comienzo el texto de otro

En el lugar de la magia los números

En el lugar del saber el qué sé yo

En el lugar del futuro…

Erguido y aterrado

Por alguna razón

Mi cuerpo

Hoy se siente angélico



Crepúsculo

Las cúpulas invertidas

De un cielo de rosa intenso

El chispazo en un instante

De dos patos en un charco…



Cuando la naturaleza se incorpora

Y el hombre se hace estaca

Hasta el más leve pestañeo en la mirada de una vaca

Puede destruirlo todo



Entonces creía saber algo de ese todo…

Y lo sabía en el momento

En que, acabando de romperse

Ya no sabía nada



Hecatombe

La imagen de una desnuda durmiente
Bañada de luz blanca
Sale a la calle portando una lámpara:
Huelo en mi sudor una suciedad aún mayor
Que la de la muerte

La sangre de una mujer
Luego la sangre de otra mujer
Luego la mía
Los focos del alumbrado llueven diagonales blancas
Sobre el gris parejo de adoquín
Dos ojos vaciados en negro

La lámpara que parece proteger con su gesto
Ya no está entre sus manos
Aparecen en el fondo otras lámparas
Que se multiplican
Para dibujar un trayecto
El que ella recorre
En veinticuatro preludios de silencio
Lleva un vestido de encaje
Que se desliza sin pliegues por el suelo
Tiene el aspecto hipnótico de las grandes muñecas
Mientras viene sin avanzar
Ella misma se va, dejando marcas

Ahora está tu desnudo en un andén de techo de cristal
Tus ojos están cerrados
Tu expresión es lívida
Llevas el pelo suelto
Y milagrosamente se sostiene por detrás
Un desabillé de tul bordado
Tus pechos acompañan el ángulo de tus pies
Abiertos al ensueño

Cubiertos por las cenizas de un viernes
Tus ojos cerrados me averguenzan
Y yo soy el que desnudo me encajo
Y obturo con mi muerte
La vía regia en terciopelo de tu sueño

Silencio del dogma
Silencio de las escrituras
Todas la luces
Para que no despiertes


Texto: Eduardo Magoo Nico
Imagen: Paul Delvaux, "Soledad". 


miércoles, junio 08, 2016

Ka clásico




Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo desde luego
(La vacuidad engorda)
Rapto 
Y parto
Rápidos casamientos
Fatalidad lexicográfica
Amor rubio
Sabia savia de la reversión y del relevo
En el sendero declinante del impulso

Varona
Párpado de metal
(Ningún negocio abierto)
Había renacido en mí
Con otro nombre
(Lo encontré en un poema)
Bajo otro nombre, yo
(Lo perdí en un poema)

Amurado
A gogó
(Aié ají ajó)

De parche en parche bochincheo
Toco el bombo 
(Bongó borocotó)
Pero no toco, no
Hago que toco
Con la punta del palito, la latita
(Robo la guita)
Pero no toco

¡Tata, tatita!
¡De tango en tambo, te hiciste!
En bosta y nafta y noria
(Pero yo no toco...)
No

Varona
Parpados de metal
Nobles figuras en rescoldo
Persianas bajas
Pasión morocha

-Déale ché, levantesé
(¡Álzate alma, asume un oportuno vigor!)

Y dejá de canturrear tu cantilena...
¡Ma que Empalme Lobos, ni Empalme SanVicente!
Acá se acabó el biógrafo
¡Mirá el portón!
¡Tenés que pensar en el globito!
En el globito de Huracán...

¡Abrí el ojo!
¿Vés como empieza a levantarse?
Lo primero que hay que hacer
Es inflar una personalidad
(Lo dijo doña Petrona...)

Después viene el relleno:
Pensá en Gato, pensá en Mancha
Pensá en algún otro, que podés ser vos
Pensá en Ramsés, pensá en Pihué, pensá en Mourinho
¡Metéte adentro, te digo!
¡Entrá en la paja!
¡Entrá, aunque te pinche!
Una espina más o menos...
¡Tenés que decir Yo, entendés!
¡Yo! Pelotudo...

¿Yo?
Yo: Eructo
Eructo sin permiso
Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo, desde luego
(La vacuidad engorda)
Y siempre es demasiado poco
Lo bastante
(La pucha, ningún negocio abierto)

En la vereda, el hembrimacho ondula
Dengoso
Había nacido por mí
A la alegría del color
Al mundo en el que impera, la divinidad mortal
De las cosas triviales... ¡Je! ¡Je!

¿Cómo hacer para abolir lo klásico?

Texto: Eduardo Magoo Nico

lunes, abril 04, 2016

Alejandro Russovich en Paraná



El siguiente es el diálogo que Alejandro Russovich mantuvo con los asistentes a una actividad organizada por un taller literario en Paraná en el año 1993. La misma consistió en la proyección del film "Gombrowicz o la seducción" de Alberto Fischerman, una muestra bibliográfica referida al gran autor polaco, y una conversación con los profesores de la Universidad de Buenos Aires Alejandro Russovich y Rosa María Brenca, esposa del discípulo, antiguos amigos del autor de Ferdydurke.




A.R.: Que me llamen “profesor”, se contradice con postulados típicamente gombrowczianos; si yo tuviese que hablar de mí mismo, en la situación actual, diría que soy un actor sin trabajo, más bien que un profesor de filosofía. Siempre me gustó actuar, y esta película me dio la oportunidad de hacerlo, con un excelente espíritu de taller, como fue la colaboración de todos los estudiantes del Instituto de Cinematografía. En realidad, esta película se gestó primero como un homenaje que se trataba de hacer a Gombrowicz en el Centro Cultural San Martín. Y después, Fischerman y Rabanal parece que pensaron en hacer una película. Entonces nos llamaron a Gómez, a Betelú, a Di Paola y a mí. Ellos dos iban tomando notas de nuestras discusiones y charlas, y de esa manera se estructuró una especie de guión. De modo que buena parte de lo que decimos en la película, ya lo habíamos dicho antes, charlando entre nosotros.

La verdad que evocar una relación juvenil con una personalidad tan fuerte como la de Gombrowicz, no es fácil. Yo pienso que en algunos aspectos, Fischerman interpretó bastante bien, en la película, algo que podría resumir la trayectoria de Gombrowicz en la Argentina: una gran ausencia.

El gran ausente en esta película, es el personaje central, ese de quien se habla continuamente, que imitamos Betelú y yo, principalmente porque en el tiempo en que éramos amigos, nos divertíamos bastante cuando yo lo imitaba, frente a otros en un bar.

Hay muchos episodios, anécdotas que podrían recordarse.

Fundamentalmente yo me siento muy contento en esta circunstancia y en esta ciudad de Paraná, a la cual yo le tengo una simpatía muy especial. Durante años yo estudié enfrente, en el Colegio de Jesuitas de la Inmaculada, así que Paraná, para mí, era la otra ciudad.

A mi me gustaría que abriéramos una charla para aclarar algunos aspectos de la película, aunque yo creo que, lo mismo que un chiste, una película no necesita ser explicada. Produce o no el efecto que tiene que producir de acuerdo a la técnica cinematográfica. Yo creo que Fischerman es un excelente director, y tengo la impresión de que esta película, a pesar de los medios precarios con los que se realizó, es una buena realización.

- ¿Se preparan Obras completas de Witold Gombrowicz en español?

- No, que yo sepa sólo se han editado los tres tomos del Diario de Gombrowicz, que es una de sus obras fuertes, en España. Yo recomiendo mucho sus lecturas, porque hay continuas referencias, directas o indirectas, hacia la Argentina. Él lo escribió acá. En el Diario, Gombrowicz no solamente habla de sí mismo y de su propia obra, sino de una cantidad de problemas que se refieren a su propia filosofía, a su propia concepción del mundo y del hombre, sobre todo. En el fondo, no solamente era un excelente artista y un maestro del lenguaje, sino también un pensador. Tengo noticias que hace poco apareció en Italia un libro sobre Gombrowicz que se llama Gombrowicz filósofo, y es efectivamente, perfectamente posible rastrear ideas bastante profundas acerca de la naturaleza humana en su propia obra, y en una correspondencia que mantuvo con el gran filósofo judío-alemán, o de Europa Central en realidad, Martín Buber, coinsidieron ambos en destacar ese concepto del entre del cual se habla en la película. Esto es algo que Gombrowicz vio muy tempranamente y que anticipaba en mucho la célebre mirada del Otro de Sartre, que de alguna manera reditúa la misma problemática. Es decir que el Hombre no es nada abstracto, nada general, ni siquiera individualmente considerado puede ser definido, sino como el Hombre con el Hombre. Dicen ambos: lo que surge entre uno y otro ser humano. Nos estamos continuamente fabricando, y en ese sentido fabricamos nuestra propia forma. Como diría Gombrowicz: nuestra propia facha.

- ¿Qué formación (profesional) tenía él?

- El era abogado; fue una imposición de su familia. Pero siempre se dedicó a la literatura, y nunca hizo otra cosa sino escribir. Al final, por una especie de conmiseración de la colonia polaca de acá, le dieron un empleíto en el Banco Polaco. Alquilábamos dos habitaciones en la calle Venezuela.

- ¿Cómo lo conoció usted a Gombrowicz?

- Yo lo conocí en una confitería que se llamaba La Fragata, en Corrientes y San Martín. Estaba Adolfo de Obieta y dos amigos, escritores cubanos, uno de ellos Virgilio Piñera, que fue quien dirigió la traducción al español de Ferdydurke, y verdaderamente cuando lo conocí quedé fascinado por su personalidad. Tengo que decir que yo leí a Gombrowicz mucho después de haberlo conocido. Es decir, no lo consideraba ni un escritor, ni un artista, ni un genio, a pesar de que de algún modo eso se decía de él. Si no que lo que realmente me seducía era su personalidad; su modo verdaderamente nuevo y fresco de descubrir valores en la existencia de cada uno, que generalmente quedan ocultos por nuestra educación, prejuicios y una serie de condicionamientos que se revelan como lo que son: imposiciones, valores que aceptamos como obviedades y que no ponemos en crisis. En cambio, en la relación con él siempre se producía una tensión en donde todos esos valores que poseíamos, eran cuestionados de raíz. Era una relación dura, difícil, y muy productiva y fructífera espiritualmente. Así, por lo menos, lo viví yo cuando lo conocí. Poco a poco fui, además, conociendo su obra, y sobre todo a través de los comentarios que él mismo me hacía a medida que la iba escribiendo: La seducción, Cosmos…

- ¿Él nunca sabía la página posterior a la que estaba escribiendo?

- Se puede ver el trabajo en varios planos, en varios niveles. Por ejemplo, él a veces pensaba pictóricamente, diríamos, en forma de bloque, o de rasgos que definían la situación que se producía en esa circunstancia de la novela, si no marcaba el aspecto formal, por ejemplo: ubicuidad. Hay un capítulo de La seducción que comienza precisamente con la ubicuidad, primero de los rayos luminosos, las sombras que se extienden, y todo lo que va ocurriendo en ese capítulo, tiene ese carácter sesgado, ligeramente distorsionado, buscando una finalidad, pero a través de rodeos muy sutiles. El gran problema de la Forma, como lo veía Gombrowicz, era el conflicto entre la madurez y la inmadurez. El inmaduro no tiene la medida de su propio valor, tiene que dárselo el otro, el formado.

- ¿Gombrowicz tenía miedo a la vejez?

- Sí.

-¿Gombrowicz no quiso entablar relaciones con la intelectualidad argentina del momento?

- Él era violentamente rechazado por quienes estaban alrededor de la revista Sur, aunque tampoco se lo propuso demasiado. El único puente que había entre Gombrowicz y los intelectuales argentinos de aquel momento era, justamente, el poeta entrerriano (Carlos) Mastronardi. Hasta que una vez, en un bar, Mastronardi empezó a hacer algunas alusiones de un tono un poco desmedido, o subido, a cerca de la homosexualidad de Gombrowicz. Y entonces se produjo ese momento en que él dijo: “Le doy dos minutos para que se vaya”, y como Mastronardi no se fue, se fue él. Fundamentalmente, el punto de vista de él, de Gombrowicz, era que la poesía, como el azúcar, en estado puro, concentrado, empalaga; mientras que en un café con leche resulta muy agradable. Después de todo, él era un gran admirador de los grandes poetas polacos, incluyendo al poeta nacional de Polonia.

-¿Por qué Gombrowicz se quedó 24 años en Argentina?

- El barco que lo traía atracó en Buenos Aires, y entonces estalló la Guerra (mundial). Lo que decidió el capitán y la tripulación del barco era volverse a Inglaterra, porque tampoco podían volver a Polonia que estaba ocupada. Entonces él se presentó a la Embajada, porque había un ejército, del general Anders, que era de polacos en el exterior. Pero de acuerdo a la revisación médica, no lo aceptaron.

Es decir que él estaba dispuesto a luchar, pero se quedó casi 25 años aquí, donde se convirtió, yo diría, en un verdadero escritor argentino, a pesar que escribió en polaco, pensó y descubrió verdaderamente muchos autores nuestros. En su Diario esto figura expresamente.

-Cuando Witold Gombrowicz se pone nombre y apellido en sus novelas -como en el caso de
Transatlántico- ¿utiliza lo real de su experiencia biográfica, por ejemplo en el conflicto con su padre?

-Yo creo que, por lo menos en el caso de Gombrowicz, escribir significaba poner fuera y dar forma a algo que de otra manera sería imposible de captar. De alguna manera, se da en el caso de Gombrowicz, algo que quizá sea común a muchos artistas: una elevada dosis de narcisismo, de cultivo de sí mismo como una tierra fértil.


Foto: Eduardo Magoo Nico y Alejandro Russovich en Paraná.
Texto y transcripción: Guillermo Meresman.





martes, marzo 29, 2016

La escritura transparente



A quien la enturbie
Porque claramente hay muerte
Y hay piedad
En mi ala
La pluma
Del ángel
Del cielo
Es negra en la punta
Y blanca en el nervio

Recién caída
De la virgen
Su boca
Parte la pera del dolor
En el éxtasis
La curva del manto
Del hijo
Su doble envoltura del pelo
Velado pasmo 

Por entre las dos lunas 
La pluma
Pasa...
El culo pleno de luz
Cristo en la cruz
Y María preñada al cielo clamando:
Un muerto en sus brazos 
(Suspendida)
La pietá

La verdad última
La bola blanca de carne
La bola suave de nieve
El borde 
El círculo imperfecto
La fuga hacia un cielo que pluma
No escribe
No hiende

¡Qué sola pasa
La sensación!
Ante el ojo 
La lente
Como punta de tinta 
Empapada
En la sombra irrefrenable del Eclipse 


Texto: Eduardo Magoo Nico. (Reescritura del poema publicado originalmente en "La Polaca", Ediciones del Cronopio Azul, 1995, Argentina.) 
 

lunes, febrero 15, 2016

Big Mama


El abrazo del final, Big Mama
Dos copas, marlboro, banqueta moderna
Un bar en Domstraat
Netherlands
Hule y raso igualmente arrugados
Tu teta desesperada
Para mi mejilla dolorida
Spleen
Borrachería
Warhol emergiendo de una boca de tormenta
Una chica en sus hombros
Y el lente de una cámara en la oreja
Todo es falso, lo sé 
El lomo lo pone otro
La chica ya no es Big Mama
Sabiéndolo
No hay poesía
Hay un borde negro sobre el brazo desnudo
Y apenas musculado
Hay tres dedos de cuya flexión depende
Todo el equilibrio
Y un pulgar oculto en otro negro
Muy flou
De una calle neoyorquina
Neverland
El abrazo del final, Big Mama
De moda
En una foto cualquiera


Texto: Eduardo Magoo Nico

Ilustración: Gustavo Piccinini (Engrudo-1995)