domingo, abril 23, 2006

Los perros



¿Es porque soy un perro

Como los otros perros

Cerrado sobre todo

A sus propias preguntas

Duro a causa del miedo

Que hago preguntas?



¿Para que el perrerío me conteste?

¿Acaso conozco yo los fundamentos

De nuestra vida de perros?

¿Me hago una idea de su profundidad?

¿Veo a los que trabajan en los talleres tenebrosos

En las minas y en los manicomios

O zurciendo aquí y allá

La trama del tiempo

Y espero, que por el efecto de mis preguntas

Todo termine

Se venga abajo

Sea abandonado?



No

Ya no lo espero

Yo los comprendo...

Soy sangre de su sangre

Siempre rejuvenecida

Siempre exigente

(Sangre canina)



No es sólo sangre

Lo que tenemos en común

También el saber

Y las llaves de este saber

(No podríamos poseer esto sin lo otro)

Del morder en común viene la fuerza

Si todos mordiéramos juntos

(Es una metáfora)

No haría falta morder…

El hueso se abriría sólo

(Lo sé, continuar con esta alegoría es tender a algo monstruoso)



Este débil perrito ha siempre querido comerse la médula

Y desde pequeñín (pues los perritos también comienzan pequeños)

Estuvo con los que presionan para que esto se realice

Lo monstruoso es que yo quisiera alimentarme

No de la médula de un hueso sólo

Sino de la médula del mismo perrerío



Sólo

Absolutamente sólo

¡Guau guau guau!

(Es una onomatopeya)

Es decir, la médula de la que aquí se habla

No es un alimento

Sino su contrario

Un veneno



¿Cuánto tiempo aún aguantarás que el perrerío

Del que vas tomando cada vez mayor conciencia

Guarde silencio y siga guardando cada vez mayor silencio?

¿Cuánto tiempo lo sufrirás?

Con la vejez, las preguntas se apagan

Probablemente moriré en silencio

Rodeado de silencio

Y esto lo veo venir con absoluta tranquilidad

Nosotros los perros

Resistimos a todas las preguntas

Un baluarte de silencio

Eso es lo que somos

Los perros


Texto: Un ejercicio de reescritura kafkiana, por Eduardo Magoo Nico.
Foto: Alejandro Pi-hué. 

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