
miércoles, diciembre 29, 2010
jueves, noviembre 18, 2010
La sirenita

Cuanto me gusta escuchar el viento pasar entre los
árboles
No lo averiguaste
Apenas hubo tiempo de apearse
Y siempre mucho ruido, y no distante
Espina de erizo
Mi dolor entre tus manos temblorosas y mordidas
No quisiste
Soy de a caballo (según se dice)
Aunque me criaron yeguas mansas
De andar cansino y elegante
Me entristece la vecina lluvia
Y estoy entre los charcos que espejan el cielo
Cuando la tierra se abre
Ese aroma exquisito, es de todas las hembras
El que más me embriaga
“Yo soy mi padre y yo”
Te dije sobreactuando cuando te vi
La primera vez, sobre una roca
Nada sabía de ese miedo
Ni de esta clase de humedad que permanece
Rompiente de ilusiones sobre mí
Que alambrado estoy a un poste
-Soy del llano: algo que no comprendes…
Las manos enlazadas bajo la rodilla
Como una aleta el pie, recién desprendido de su guante
Un muslo sobre su pecho
Mientras la pantorrilla cierra un triángulo de sombra
Inscripto en el círculo de su abrazo
Tu primer rostro, fue esa linea de piel y sal
Que dividiendo los cabellos
Ocultaba unos rasgos aún no del todo adivinados
Tu segundo rostro
Ojeras chorreadas sobre dos almohadillas
Veinticinco pequeñas arrugas en tu boca de foca
Los ojos redondos y algo opacos…
Mucho el tiempo he merodeado en estas costas
El mar que es demasía
Cubre esta vez iracundo el golfo místico
Tu vestido de loba se quedará conmigo
Me cubriré con su piel sangrante
En su interior grabaré una a una las palabras
Que me fueron transmitidas para sujetarte
En vos yo escribiré mi vida para que te la lleves
Como un tatuaje sin mancha
Cálido seguro e indeleble
miércoles, agosto 04, 2010
Georg Trackl

El horror
(Das Grauen)
Me vi pasar a través de habitaciones desiertas.
Las estrellas bailaban extraviadas sobre el fondo azul,
y en los campos aullaban los perros en voz alta,
y en las cimas se arremolinaba salvaje el föhn.
Mas de repente: ¡Silencio!, un sordo escalofrío
hace florecer venenosas flores en mi boca,
desde el ramaje cae como de una herida
vislumbrándose pálido el rocío, y cae, cae como sangre.
Del vacío engañoso de un espejo
se alza lentamente y como en la proximidad
del horror y la oscuridad una cara: ¡Caín!
Muy suavemente murmura la portera de terciopelo,
a través de la ventana mira la luna igual que al vacío,
y heme aquí solo frente a mi asesino.
A los que han enmudecido
(An die Verstummten)
Oh, la locura de la gran ciudad, cuando en la tarde
junto al negro muro miran fijamente árboles raquíticos,
detrás de una máscara plateada asoma el espíritu del mal;
la luz expulsa con látigo magnético a la noche vuelta de piedra.
Oh, el inmenso doblar de las campanas al crepúsculo.
Ramera, que en el aguacero helado da a luz un niñito muerto.
Azota furiosamente la cólera de Dios la frente del poseído,
peste purpúrea, hambre que destroza los ojos verdes.
Oh, la risa terrible del oro.
Pero silenciosa se desangra en oscura cueva una humanidad muda,
forja con duros metales la cabeza redentora.
Colección Visor. Alberto Corazón editor, 1973.
Traducción, Angel Sánchez.
viernes, abril 16, 2010
martes, marzo 16, 2010
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