sábado, septiembre 15, 2012

Roberto Jacoby


La alegría como estrategia[1]



En el norte de la Argentina y en toda la región andina se practica desde hace siglos un ritual de muerte que quizás exista también en otras culturas. Se llama “velorio del angelito” y consiste en una fiesta de alto tenor alcohólico y musical en la que se celebra la muerte de un niño. Esta práctica demuestra que existen diversas formas sociales para elaborar un duelo. Desde épocas muy tempranas observé que algunas formas de resistencia a la dictadura cívico-militar, que se prolongaron durante la década siguiente en la Argentina, tomaban esta característica y las denominé “estrategias de la alegría”.


El tema del cuerpo no es un asunto de mera propagación académica en Argentina. Por desgracia, parece ser de especial pertinencia aquí donde la tortura se convirtió en una profesión y donde se acuñó la expresión “desaparecido”. Las estrategias políticas del gobierno militar habían operado exitosamente sobre los cuerpos a través de la aniquilación, los tormentos, la prisión, el control urbano y los sistemas de información, ya que su meta fue lo que Clausewitz denomina "las fuerzas morales e intelectuales", que suele ser en la guerra el verdadero objetivo para la destrucción de las fuerzas físicas o corporales. En verdad actuaron sobre el estado de ánimo de la población hasta que los impulsos de autonomía se extinguieron casi por completo.

La acción física o celebración conjunta solo se admitió en esos años en la medida en que estuvieran articuladas por el Estado: el mundial de fútbol y la guerra de Malvinas son casos paradigmáticos. Sin embargo, al mismo tiempo se desplegaron al menos dos estrategias nítidas respecto de la cuestión de la recuperación de las potencialidades del cuerpo. La más examinada giró alrededor de la iniciativa de las Madres de Plaza de Mayo y tuvo como objetivos la visibilidad y la historización de los cuerpos ausentes. El no reconocimiento de su status de muertos tiene el sentido de mantener abierta una interrogación y una responsabilidad asignada al Estado, que un duelo hubiera clausurado. El significado y el efecto del movimiento de espera de las Madres alrededor de la Pirámide de Mayo pueden ser leídos muy provechosamente a partir de Masa y Poder de Elías Canetti.

La otra estrategia, cuya eficacia trataré de mostrar en este comentario, nunca es mencionada. Se trata de la estrategia de la alegría. Se originó en el ámbito del rock y comenzó (lo mismo que la de las Madres) durante el gobierno militar. Consistía en desencadenar los cuerpos aterrorizados de la ciudadanía, sobre todo de los jóvenes, que eran las víctimas principales del terrorismo de Estado. Pasar de los cuerpos paralizados a cuerpos en movimiento. Desde el ordenamiento concentracionario (2) al que se había sometido a la ciudad, hacia la posibilidad de ejercer movimientos conducidos por el deseo o el juego, formas íntimas pero no por eso menos significativas de la libertad.

La estrategia de la alegría puede describirse de manera muy simple como el intento de recuperar el estado de ánimo a través de acciones asociadas a la música, hacer de ellas una forma de la resistencia molecular y generar una territorialidad propia, intermitente y difusa.

Los primeros que operan en este sentido visionario son Los Redonditos de Ricota, que lo hacen en una fecha tan temprana como 1977: cambian la disposición física de la platea, la relación entre público y performers, reparten los míticos redonditos (3), se disfrazan y maquillan, etcétera. En entrevistas realizadas en los 80, el cantante Indio Solari (4) enuncia claramente el carácter deliberado de su acción sobre el estado de ánimo.

A partir de 1980, Virus, sus descendientes y grupos que se formaron en paralelo o levemente posteriores, al ritmo de la época, como Los Twist, Las Viudas de Roque Enrol, Los Abuelos de la Nada, las Bay Biscuit, grupos celebratorios como el Ring Club, entre otros, prosiguieron en esa línea.

Desde la prensa y el ambiente rockero clásico se los calificó con frecuencia como fenómenos de "hedonismo" y “superficialidad”, lo cual era exacto y deliberado ya que el hedonismo funcionaba como lo contrario al sufrimiento y la noción de superficie jugaba doblemente como máscara y como piel. Era posible ocultarse y manifestarse tras lo inocuo y tras distintas formas del chiste.

La piel era considerada como territorio de placer y no de tormento. La “superficie” también era lo opuesto al calabozo y la clandestinidad. Es fácil de ver que en el tono moralizante de esas críticas se vertía el puritanismo revolucionario tradicional, mezcla del estalinismo con el ascetismo cristiano y militar, hegemónico tanto dentro de las fuerzas progresistas como de las reaccionarias.

La “estrategia de la alegría” se manifestó en estilos musicales, en las formas de presentación, en las escenografías, vestuarios y maquillajes: el movimiento libre, los juegos con la identidad, la transformación lúdica del entorno. Los cuerpos se reencontraban con la posibilidad de entrar o crear espacios ficcionales, visitar realidades alternas, imaginarias, donde el mundo cristalizado de sentidos únicos y obligatorios quedaba erosionado. El gesto venía retrasado ya que en la Argentina de los 70, la pólvora y la sangre habían opacado las luces de la fiesta, del mismo modo que interrumpieron el movimiento hacia el pansexualismo post-hippie que tuvo efecto en los países del norte.

La importancia otorgada al baile y al movimiento libre o experimental del cuerpo y a las dimensiones lúdicas o carnavalescas del encuentro social prosiguió a fines de los 80 con la apertura de espacios nómades en los barrios, por fuera del circuito de discotecas, donde se conectaron experiencias sociales muy diferentes, que habían permanecido hasta ese entonces compartimentadas (salvo en el ámbito del fútbol y durante el muy breve período del camporismo, donde de todos modos el disciplinamiento de las masas provino de las fuerzas contestatarias).

Pero lo interesante es que esta estrategia tuvo efectos más allá del círculo de productores inmediatos y se realizó en el tiempo. Para las nuevas generaciones fue un punto de partida, muy distinto del vivido en el momento anterior.

Estos dos tipos de acción o estrategias respecto del cuerpo no fueron necesariamente contradictorios. De hecho muchas personas participaron de ambas, pero hubo una cierta ideología que intentó oponerlas y confrontarlas y, por supuesto, muchos más ni siquiera registraron su existencia.

Los grupos de música de los 90 ni siquiera se plantean aquellos antagonismos: la expansión física, la alegría y hasta el desenfreno son vividos como expresiones políticas bastante directas. Han hecho –cada uno a su manera– una especie de mix de todo eso; memoria, liberación corporal y sexual, identidad generacional, uso del cuerpo como soporte de experimentación artística, operaciones comunicacionales, etcétera. Un ejemplo muy contundente es el de HIJOS cuya relación con los grupos queer, en particular las organizaciones de travestis, hubiera sido impensables cinco o diez años atrás.

La estrategia de aniquilación de cuerpos por parte de los aparatos armados del Estado concebía un enemigo multiforme pero único que finalmente terminó fusionado por la historia. De manera imperceptible, lenta pero incuestionable, dos formas de concebir la relación con el cuerpo, vividas inicialmente como contrapuestas por sus protagonistas, se reencontraron en las nuevas generaciones.

En los 90 el tema de la política del cuerpo se torna más complejo a raíz de la centralidad que toma la epidemia de HIV en los discursos sobre el contacto social y las modificaciones en la trama social y urbana.

La década que se inicia en el 2000 aparece marcada por transformaciones en las dimensiones espacio-temporales. Se oye con cierta insistencia el postulado que plantea la oposición entre el espacio de la web, la sensorialidad y el uso de la ciudad, entre los materiales “reales” y la inautenticidad de lo “virtual”. Una vez más, alguna de las formas que toma la actividad juvenil es impugnada a priori a partir de simplificaciones conceptuales.

La lista de cuestiones es larga: la aparición de nuevas identidades de género, las identidades múltiples, fluidas y ficcionales, las conexiones intergeneracionales, la formación de nuevos sujetos colectivos trasnacionales en las redes, las cadenas de solidaridad global, las demandas de localización cultural y comunitaria, etcétera. Lo que quiero decir es que no me parece que el sentido que vaya a tomar el proceso esté ya fijado o determinado sino que va a depender en parte de lo que pensemos y hagamos con él.

  [1] Artículo publicado en revista Zona Erógena, nº 43, Buenos Aires, 2000.

[2] Es Pilar Calveiro en su libro Poder y desaparición (Buenos Aires, Colihue, 1997) quien nombra como “poder concentracionario” las formas que empleó el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar para dispersar el terror en la población dentro y fuera de los centros clandestinos de detención. (N. de E.)

[3] Se refiere al reparto entre el público, durante los primeros recitales del grupo, de unos bollos dulces llamados, justamente, “redonditos de ricota”. (N. de E.)

[4] Líder de la banda de rock Los Redonditos de Ricota. (N. de E.)


Fuente: "El deseo nace del derrumbe, Roberto Jacoby, acciones, conceptos, escritos". Ediciones de La Central, Adriana Hidalgo Editora, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Red Conceptualismos del Sur. Febrero 2011. Edición a cargo de Ana Longoni.

viernes, agosto 31, 2012

Nicarco resucitado



-Está apareciendo una fibrilación cardíaca.

-Ahora vuelve a su ritmo normal.

-Está vivo, anunció Roxi al doctor, enfundada en un traje de aislamiento total, mientras el médico seguía toda la operación detrás de un vidrio blindado.

-Dentro de poco recuperará la conciencia.

-Parece que ya hubiera superado el proceso de resurrección...

(Me pregunto si no sería más preciso, y más laico, llamarlo "renacimiento"...)

-¡Ésto va muy rápido, Doc!

 

(Roxi estudiaba su rostro descarnado

Oscuro y rugoso

De rasgos mediterráneos

El cambio que se estaba produciendo en su piel

Era enorme

Los ojos se abrieron repentinamente

Su expresión era tranquila

Pareciera que hubiese muerto sin odio, ni resentimiento

Quizás, sin miedo...

Las pupilas comenzaron a moverse

Hasta recuperar el brillo y la profundidad

De los recién nacidos)

 

-¿Puede hablarme?

-Parece que sí...

-¿De dónde viene?

-De una especie de bosque frío...

-¿Un sueño?

-Alguien me acompañaba, mientras atravesábamos los humedales, una presencia amable…

 

(-Tendríamos que empequeñecernos, si queremos seguir siendo tantos...

-Ser más pequeños. Tal vez tengas razón, George... )

 

-¡Hola! ¡Hola! ¡De nuevo en casa! Tuvo un desmayo, nada importante…

-¿Tú eres Roxi verdad?

-¿Cómo lo sabe?

-Lo lleva escrito...

-Es Usted un gran observador...

-Con el sueño ha venido a mi recuerdo una presencia muy disgustosa, que fue tatuando en mí, todo aquello que hoy sé (y desapruebo) como si hubiera vivido una segunda vida, luego de la mía...

-Ja! Ja! Ya llegamos al punto nuevamente. Pues lo siento mucho por usted, pero esta Roxi debe informarle que tiene una larga tarea por delante...

-¡Ah, sí!

-Parece que tendrá que vivir toda su "nueva" vida hacia atrás, hasta la infancia, y finalmente, volver al útero materno.

-¿Y es obligatorio? Digo, lo del útero...

-No hay "optional", según parece. Eso dicen los sabiondos...

-¡Ah!

-¿Y yo quién cuernos era en mi vida anterior?

-Lo siento, bebé, pero eso nosotros no podemos saberlo...

-Sabes que ahora ha vuelto algo más a mi memoria. Estuve hablando con un viejo tortugo de las Galápagos antes de terminar de despertarme, me dijo que lo llamaban George...

-¿Hablaba con "el solitario George"? Le diré que eso apareció en los diarios en estos días: "El último de su especie". Hará una semana que murió, tal vez más...

-¿Y no lo resucitan?

-El programa no incluye tortugos.

-Era tan simpático y cachondo el Georgie, me mataba de risa con sus historias. ¿No es un pecado dejar en el limbo a un personaje semejante?

-Yo no tomo ese tipo de decisiones...

-Pues, a mi me gustaría hablar contigo también de otros argumentos, Roxy. ¿A qué hora te liberas de este pésimo film de horror en lengua bárbara, que supongo con algún encantamiento me habéis implantado en el cerebro?

-Ese no es asunto suyo.

-¡Podría invitarte a tomar algo por ahí, por ejemplo! Bueno, en realidad, ahora que lo pienso, no tengo un peso en el bolsillo, pero dejaría que me invitaras tú, por esta única vez... ¡Está bueno esto de renacer, me siento lleno de energías!

-¡Pues usted no va a moverse de esa cama por unos cuantos días! ¡Como mínimo hasta que acabemos con todos los estudios que tenemos que hacerle, mi estimado señor X! ¡Eso se lo garantizo yo!

-Me llamo Nicarco.

-¿Y cómo lo sabe?

-Acaba de aparecerme en la conciencia, como un globito que se abre: ¡Pluf!

-¿Que explota?

-Que explota muy suavemente, como una bombita de jabón... ¿Porqué no me tuteas?

-Te diré que a mi me rebotan tus burbujitas, te llames como te llames. Aquí, ni-carcomes, ni comes, ni cagas. Que te quede bien claro, no eres más que una momia recién resucitada, y además un insolente...

-¡Pluf! ¡Pluf! ¡Pluf! ¡Pero no por mucho tiempo! ¿Eh?

-Eso lo dirá el Doctor...

-¡Ha! El Doctor. ¡Se trata del Doctor! ¡Je!¡Je!

-¿Eras así de imbécil también en tu vida anterior?

-"Diofante il magro, che morir volea,
 A una tela di ragno s’appendea."

-¿Y éso?

-Éso lo escribí yo en una lápida.

-Además poeta, el renacuajo. ¿Y en la tuya, había algo más que tu nombre?

-Mi amiga Άnite ha escrito, escucha bien:

“Éste hombre, vivo, era el poeta Nicarco

Más ahora, muerto

Su prestancia no me aparece menor

Que la de Darío El Grande”

-¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! Todos los viejos son mentirosos, pobrecitos... Ya aprenderás a decir la verdad cuando rejuvenezcas.

 

Texto: Eduardo Magoo Nico

Ilustración: Figura de un vaso ático (Douris 500-490 AC) que representa al dios griego Comus o Komus en una serie de cabriolas.

viernes, agosto 24, 2012

Alberto Greco (1931-1965)



Manifiesto Vivo-Dito

"El arte vivo es la aventura de lo real. El artista enseñara a ver no con el cuadro sino con el dedo. Enseñara a ver nuevamente aquello que sucede en la calle. El arte vivo busca el objeto pero al objeto encontrado lo deja en su lugar, no lo transforma, no lo mejora, no lo lleva a la galería de arte. El arte vivo es contemplación y comunicación directa. Quiere terminar con la premeditación, que significa galería y muestra. Debemos meternos en contacto con los elementos vivos de nuestra realidad. Movimiento, tiempo, gente, conversaciones, olores, rumores, lugares y situaciones. Arte Vivo, Movimiento Dito. Alberto Greco. 24 de julio de 1962. Hora 11:30"


  Fuente: http://talleravb.blogspot.it/2009/11/vivo-dito-alberto-greco.html  

jueves, agosto 23, 2012

Leopoldo Lugones (1874-1938)



El descubrimiento de la circunferencia


Clinio Malabar era un loco, cuya locura consistía en no adoptar una posición cualquiera, sentado, de pie o acostado, sin rodearse previamente con un círculo que trazaba con una tiza. Llevaba siempre una tiza consigo, que reemplazaba con un carbón cuando sus compañeros de manicomio se la sustraían, y con un palo si se hallaba en un sitio sin embaldosar.

Dos o tres veces, mientras conversaba distraído, habíanle empujado fuera de su círculo; pero debieron de acabar con la broma, bajo prohibición expresa del director, pues cuando aquello sucedía, el loco se enfermaba gravemente.

Fuera de esto, era un individuo apacible, que conversaba con suma discreción y hasta reía piadosamente de su locura, sin dejar, eso sí, de vigilar con avizor disimulo, su círculo protector.

He aquí como llegó a producirse la manía de Clinio Malabar:

Era geómetra, aunque más bien por lecturas que por práctica. Pensaba mucho sobre los axiomas y hasta llegó a componer un soneto muy malo sobre el postulado de Euclides; pero antes de concluirlo, se dio cuenta de que el tema era ridículo y comprendió la maldad de la pieza, apenas se lo advirtió un amigo.

La locura le vino, pensando sobre la naturaleza de la línea. Llegó fácilmente a la convicción de que la línea era el infinito, pues como nada hay que pueda contenerla en su desarrollo, es susceptible de prolongarse sin fin.

O en otros términos: como la línea es una sucesión de puntos matemáticos y éstos son entidades abstractas, nada hay que limite aquélla, ni nada que detenga su desarrollo. Desde el momento en que un punto se mueve en el espacio, engendrando una línea, no hay razón alguna para que se detenga, puesto que nada lo puede detener. La línea no tiene, entonces, otro límite que ella misma, y es así como vino a descubrirse la circunferencia.

Tan pronto como Clinio realizó este descubrimiento, comprendió que la circunferencia era la razón misma del ser, realizando, también simultáneamente, este otro descubrimiento: Que la muerte anula el ser, cuando éste ha perdido el concepto de la circunferencia.

Así explicaba el médico interno, el caso de Clinio Malabar.

Éste sostenía aún un complemento de su idea. Todo ser, decía, es una convicción matemática. Para la inmensa mayoría, ésta consiste en la unidad, o sea la evidencia abstracta de la línea limitada por sí misma. Esto, que es un puro instinto, pues viene por transmisión hereditaria, sin necesidad alguna de formularse, no mortifica naturalmente. Los seres «unitativos» mueren por la convicción correlativa de la finalidad, que adoptan cuando son incapaces de concebir la perfección de la circunferencia; porque una circunferencia perfecta no tiene fin, y la muerte carece entonces de razón.

Los que comprenden el problema, muy pocos, necesitan vigilar su circunferencia. Es lo que hacía Clinio Malabar como hemos visto.

Proponíase, en esta forma, ser inmortal; y es tan poderosa la sugestión, decía el médico interno, que en veinte años de manicomio aquel sujeto no había presentado el más leve signo de vejez.

Caminaba lo menos posible, con el objeto de no permanecer «ilimitado», y dormía en el suelo. Todos se habían acostumbrado ya a respetar su manía.

Pero cierta vez, ingresó a la clínica un nuevo practicante, a quien chocó aquello extraordinariamente.

Empezó a hostilizar al loco, sin que éste se ofendiera. Sólo cuando intentaba borrarle su circunferencia, daba gritos tales, que era necesario suspender la operación. Desde aquel día, el loco empezó a describir en todos los parajes ocultos de las oficinas y de los patios, círculos de repuesto para usarlos en un caso de apuro.

Una noche, el practicante se propuso salirse con la suya, pues como buen aficionado del manicomio, era a su vez un poco maniático; y mientras el loco dormía borró cuidadosamente su circunferencia.

Algunos locos, puestos al tanto de la travesura, buscaron y borraron a su vez las circunferencias de repuesto.

Clinio Malabar no se levantó. Había muerto, al desvanecerse su limitación geométrica.

El incidente hizo algún ruido, si bien no se le dio la ulterioridad judicial que reclamaba, en homenaje al decoro profesional; pero los locos quedaron tan impresionados, que desde ese día empezaron a oír por todas partes la voz de Clinio Malabar.

Por la noche habló más de dos minutos debajo de una cama; a poco se hizo oír en varios puntos de la huerta. Los locos sabían algo, pero no querían decirlo.

Lo curioso es que el fenómeno contagió a los ayudantes, quienes juraban haber oído también hablar al loco muerto.

Un día, a las once de la mañana más o menos, comentábamos esto con el médico interno en la galería que rodeando el patio del hospicio nos protegía del bravo sol estival.

De repente, bajo un tarro que cubría puesto boca abajo no se que plantitas exóticas, allí, a veinte pasos de nosotros estalló sonora una frase. ¡La voz de Clinio Malabar!

Antes que volviéramos de la impresión, los locos acudieron aullando, como vacas al sitio de un degüello. Todo el personal se conmovió. Allá bajo el sol clarísimo, en el patio raso, bajo el tarro aquel, sonaba con las mismas frases que tanto conocíamos, la voz de Clinio Malabar. De Clinio Malabar enterrado hacía una semana, previa la más completa autopsia.

Los locos nos lanzaban miradas feroces; el personal tiritaba horrorizado y nosotros mismos no sé adónde hubiéramos ido a parar si el médico, en un supremo arranque de energía, no vuela el tarro de un puntapié.

La voz cesó bruscamente, y sobre el cuadro mohoso que la boca del recipiente formara apareció inscripto con tiza uno de los círculos de Clinio Malabar.


Texto: Leopoldo Lugones "Cuentos desconocidos"; Ediciones del 80 (Buenos Aires 1982).
Ilustración: Alberto Greco, maestro del "vivo dito". 


 

viernes, junio 08, 2012

Chulpa







En este tiempo de congojas

Espacios Reales reptando se avecinan

Amigo ido de Ley

Luna en el lugar equívoco

Ritmo bajo las candelas

¿Algo más se mece?

Metido en otra lengua

Largos cabellos de oro

Me siento protegido

Ellas, sin embargo

Me miran asombradas como nunca

¿Qué dice ese señor tan simpático?

¿Otro falso arcángel de la Tele-Visión?


-¡Es un Príncipe que viene de muy lejos!


Su pija erecta, sus cuernos y mi ofrenda

Fetos pide, cigarrillos

Y hojas de coca, el Tío...

De ojos redondos

De largo hollín:


Del cerro baja la plata
Al cerro sube la muerte
Y el hombre-niño minero
Al Tío compra su suerte


Las chicas, tan locas como siempre

El sanpedrito, bien rico, van pelando

(Y con el coño, venga: dando y dando)

Una nube de sal trae en torbellino

El Jonathan amigo, bañado en sangre de Alpaca

Que regresa:


-¡El Tío se fue del socavón!


Un lejano alarido de Chola

Anuncia el vecino desastre

Alma mundo

Tus momias apenas descubiertas

Se han ido de putas con el Sol


Texto: Eduardo Magoo Nico
Audio y voz: Héctor Ledo
Foto: http://www.taringa.net/posts/imagenes/3810486/El-tio-de-las-minas-bolivianas.html

jueves, abril 19, 2012

Variaciones sobre un tema






La verdad, es que cuando era chico
A mi el amor me arrasó.
Yo me escondía a lloriquear detrás del piano
Mientras las maderas gemían
Las cuerdas hubiesen querido consolarme
Los martillos golpeteaban en sordina
Y las polillas curiosas
Volaban a mi alrededor.

Debo decirlo,
A mi el amor me quemó.
Yo veía en el cono de luz
Del único rayo que había logrado atravesar la persiana
Pequeños seres de polvo en suspensión
(Eran como diablitos)
Fue cuando quise tocarlos
Que el amor me atravesó.

Las horas siguieron pasando iguales,
Pasaron muchas, las Horas
(Que son un montón de hermanas)
Mi madre en la cocina continuaba repitiendo:
¡Cómo puede ser que no me reconozca!
Mis primas me miraban azoradas, desde el corredor
Y nadie entraba a la habitación
Con su gran cama verde, perfecta
Donde yo, sin saber
Despertaba.

Luego todo recomenzó.
(Aunque, según mi padre, yo ya no era el mismo)
La escena se repetía:
Él amenazaba y golpeaba,
Mi madre gritaba, mis hermanos sufrían
Y yo siempre me escapaba
Corría corría
Me escondía todo el día,
Hasta que los vecinos salían a buscarme.

Cuando me llevaban al campo
Me iba con mi amigo Alejandro
(Que era baqueano)
Y nuestros hermanos mayores, salían a buscarnos,
Una vez nos ataron a un árbol con alambre.
Apenas podía, igual yo me escurría,
Me metía entre las leñas
Detrás de los galpones,
Donde se esconden las iguanas
(Que me hacían lugarcito)

Desde mi escondrijo veía a mi hermana chiquita,
Que jugaba sola y no sabía
(Ni siquiera mi madrina sospechaba)
Lo que a mí me sucedió,
A mi el amor me devoró.

La vergüenza ahora, casi me arranca la carne
Pero igual voy a decirlo:
Me siguen atando con alambre
Y no soporto la vida
Que quieren hacerme hacer.

Cuando era chico me escondía a llorar detrás del piano
Y el aroma de goma laca del lustre, me embriagaba
Las polillas ronroneaban en sus agujeritos
Y alguna que ya me conocía, me decía
¡Nosotras te hacemos compañía!

Un día sucedió,
Vino una música y me salvó.
Sí, vino una música y me salvó...
Yo daba vueltas y vueltas feliz
Girando en el taburete de tres patas:
¡Hasta el crack!
Mi padre amenazaba, y mi madre gritaba,
Y a mi no me importaba nada.
Porque, ¿quieren que les diga la verdad?
A mi la Música me Salvó.

Cuando no podía escaparme
Me pasaba el día con mi perra en la terraza:
Las sábanas volaban y se rompían en el azul
Las botellas vacías hacían: buh, buh, buh
Y las baldosas rojas se encendían, hasta volverse incandescentes.
Entonces yo me metía en el hueco de los techos sobre el baño,
Y espiaba por los ventiluces de las casas contiguas
Tratando de dilucidar algún Misterio...
"Lady" mientras tanto me cuidaba y me lamía (me lamía todo el día)
Porque ella sí sabía, que a mi el amor
Me había encontrado
Me había vaciado
Y que...

Mi padre también solía esconderse:
Se encerraba a oscuras en el dormitorio,
A tocar el bandoneón...
Yo lo escuchaba sentado contra el marco,
Con la oreja pegada a la tabla blanda de la puerta
(Que a veces quería hablarme, pero yo le decía: Shhh!)

Comenzaba siempre con el mismo tema
¡Pobre papá! (Tal vez era una melodía del abuelo Ernesto...)
Luego se perdía en tantas variaciones,
Las notas formaban racimos entre rayitas variopintas
Y las armonías contrapuestas, trepaban por las paredes
Como la hiedra, en el patio de atrás,
Y hasta alguna que otra hojita
Se asomaba por debajo de la puerta
Para hacerme cosquillas en los pies...

Así yo fui poeta.


Ilustración: Gustavo Piccinini (Guti)
Texto: Eduardo Magoo Nico
Audio y voz: Héctor Ledo

lunes, febrero 06, 2012

La forma ebúrnea






Querida leopardo (de lejos)

No sé gobernarme sólo

¡Estar condenado es un destino espléndido!

¿Me creías jovial, impulsivo?

Sin embargo

Era... como si fuese un niño

¡Tan pronto me vencía el abatimiento!

La Voluntad por momentos me abandonaba

A esa otra vuelvo

Como una vacación cada vez

Sintiéndome Otro (muy lejos)

No volviendo



-Cuando bailaba gatos, mi disfraz de gato, también bailaba el twist...



Y yo que estoy des-hecho

¿A qué olvido he de ofrecer mis actos?

La noche y la distancia se burlan

¡Locamente!

Yo debía consolarte...

Mi querida de lejos

Mi leopardo

Como rengo a la muleta:

¡Sangre y sueño!

Cierro los ojos (matarte)

Una sábana de Dios



- El destino es una cosa que le pasa a todos, de una forma u otra...



Leopardo blanco

Me las arreglaría de algún modo

Para quedarme con una tibia de tus huesos:

Dándole a la lima y al serrucho

Podría fabricar escarbadientes

Re-lucientes

Mondarme con ellos los dientes...



Mi abuela solía decirlo:

La teta chica no alimenta

( De poco sirve un pezón)

Te convertiría así

En una aguda (pero inofensiva)

Posesión

Sentir una mujer, dura en los huesos

Monda

Agudo ronroneo y baratija de perdedores

Es el hombre

Cuando funda con su cuerpo una mentira:

A vos leopardo

Con amor, y sordidez...


Texto: Eduardo Magoo Nico
Ilustración: Gustavo Piccinini
Audio y voces: Héctor Ledo

miércoles, enero 11, 2012

Osvaldo Lamborghini (1940-1985)



M’HIJA
(Fulgurante)


(...) Hace años que no me dejo entrar por la concha, a no ser que me ocurriera muy ebria o muy dormida. Doy el culo, a veces, a algún simpático, o a cualquier manirroto que sostenga durante meses el caballete del alquiler y la transparencia contenida de las botellas: es un caballete frágil. El viento. El viento no sólo lo hace temblar: también lo derrumba. Pero el no poner la argoya, la verdad, apenas si tiene el valor de un túmulo erigido en algún lugar de mi espíritu. Espíritu. Lugar: espíritu que relaciono con las cachas de esmalte saltado que a veces sorprendo en las uñas de mis pies: los días de irritación del píloro y diarrea, ¡esos días!, cuando me baño. En otras ocasiones también me baño. Me gusta que me caguen entre las tetas.
Pienso.
Los cigarrillos se acabaron. Hay que salir a la calle, comprar, hoy que puedo, varios paquetes: recluirme después a pata ancha.
Pienso que si el “hecho artístico” (y no helecho artístico, basta de ikebanas) es el que “sufre” las consecuencias si se lo utiliza como - como - se dice ahora - autopunición, la diacronía (palabra) deja de evocar el suceso más otro suceso, no se dice ahora acontecimiento, sino un margen inmenso, inenarrable: lo que puede ser el sexo, el sexo no puede ser. (...)




SEBREGONDI SE EXCEDE
El Niño Taza

1
LA NOCHE

(...) Tengo miedo: yo quería triunfar, que me aclamaran y aclamaran, tener éxito: del lenguaje, Acl, un artífice: del lenguaje. Y fracasé. Un caracterópata, hasta la locura es demasiado (demasiado buena) para mí: el estilo, opa, el carácter opa -ta, ta- de mi enfermedad, me libra de la psicosis, ni siquiera ese (patético) final. No, nada. Nonadas, en fin: monadas. Una tarde Masotta hizo mi diagnóstico. Estábamos en el hall del Di Tella. Creo que esa vez llegué a irritarlo con mis pavadas, y entonces me dijo: – “En vos, la mala fe es centro de gravedad, derrumbe a tierra. En los escritores verdaderos, en cambio, la mala fe cobra el valor de un útil de trabajo: herramienta cortante, les sirve para punzar la superficie y, al mismo tiempo, no quedar atrapados: pueden infinitamente continuar, desplazarse. ¿Por qué no te vas un poco al carajo?” Avergonzado (pero) sin dejar pasar la oportunidad de reconocer con trampa, le contesté: “– Porque no puedo, no puedo desplazarme, ¿no acabás de decírmelo vos mismo, acaso?” Ahora: pienso que ese día estuvo a punto de pegarme. Lo cierto es que a partir de ese día, de esa tarde, me devolvió en silencio todos los textos que yo le llevaba para leer: ni una palabra. Comprendió que hasta ese mínimo de crédito, Ni Una Palabra, que alguna vez me había otorgado, contribuía al enredo y a la confusión: no sentía, Oscar, ninguna debilidad por los canallas. Prosigo, tanta es mi vanidad que prosigo, en el Cristo, en el Hijo. Estoy en mi, humo, salsa en mi Hum. En este momento finjo escribir para lograr, a cualquier precio, que me publiquen Lamborghini. Me llamo Osvaldo. Puede ser. Puede ser que algún imbécil me escuche (y yo lo escuche), me tome (en serio) y, como se dice ahora, “satisharta y faga mi demanda”. Publico mal y escribo peor, hablo todo el tiempo de mí (Marido). Quien no chupa remeda al chocho, soy el autor (subrayado) de esta sentencia famosa: escobilla y hueso, cagar contra el féretro. Un pliegue más en la falda del estiércol. Sequedad y frigidez, el finadito, Oscar, tenía razón, ¡ja! ¡ja! Me río con una hebra de nicotina entre los labios. Y aquí termina propio mi relato, lo que sigue es un intento embrollado, mellado de explicación: primitivo como el fetiche antiguo, neurasténico, del pie. Sucio, el Pie. (...)


(...) Ellos son los que salvarán a Dios de su pedo irlandés y de las heces polacas: es rico el vodka y hacer sus eses les encanta, lo que no les gusta es trabajar. Quieren destruir el socialismo, ir a misa a chupar: son perros, rabiosos de verdad. Yo estoy aquí, y cuán lejos. Yo.
– Lo real es el lugar donde el mate circula.
tengo igual mi llanto, mi ruegue –ruego, jamás– y mi plegaria cunda: ¡Qué los tanques soviéticos invadan ya! ¡Que arrasen y maten! ¡Que ni las damas se salven! A los niños se los puede respetar (nada de Hitler, basta de giladas) porque son recuperables, los de corta edad, y se los puede sistemáticamente violar, por orden estatal (Campos de Violar), para romperles el copete de entrada, y además: porque están buenos además. Son rubios los polacos, inferiores de raza pero igual blancos, aunque esclavos. Es con cariño digan (lo que digan) como los polacos a la bragueta rusa miran, de soslayo. Para ellos, mamarse una garcha es como un domingo, en familia, tirar el fideo. Sí que soy esquizofrénico. Ese pueblo, es puto ese polaco. El fideo tiran hasta el mango y no es grupo, ni una sola gota desperdician del tuco. Para cagar, se bajan los calzones con ese pretexto. La verdad: tan “católicos” que se dejan incluso por el drepa –y, por la rima, esto: no prohíben el incesto.
Hundimiento indefinido, sin placer ni rebelión, si el inconsciente y la ley son “solidarios” (además de solitarios), el inconsciente es estoico y, la conciencia, hedonista: pretende monopolizar el sentido excluyendo su fundamento, que es la pulsión de muerte. Hundimiento indefinido, sin placer ni rebelión. (...)



Texto: Fragmentos de Osvaldo Lamborghini, Novelas y cuentos I, Editorial Sudamericana, BsAs 2003.

Foto: Ale Pihué

lunes, diciembre 26, 2011

J.L. Borges (1899-1986)





RUSIA

La trinchera avanzada es en la estepa un barco de abordaje con
gallardetes de hurras
mediodías estallan en los ojos
Bajo estandartes de silencio pasan las muchedumbres
y el sol crucificado en los ponientes
se pluraliza en la vocinglería
de las torres del Kremlin
El mar vendrá nadando a esos ejércitos
que envolverán sus torsos
en todas las praderas del continente
En el cuerno salvaje de un arco iris
clamarán su gesta
bayonetas
que portan en la punta las mañanas.


Versión: Indice de la nueva poesía americana(Buenos Aires, El Inca, 1926)
Fuente: http://www.revistahallali.com/2010/03/01/borges-ultraista-en-hungaro/
Ilustración: Gustavo Piccinini

martes, diciembre 06, 2011

Una historia de la patria


De cuerpo flexible y de formas diminutas
Montaba guardia, a los dieciocho años
En San Juan
En un batallón del Ejército de Los Andes

Cuando éstos se sublevan
Y los Cívicos se rinden
Él queda solo
Entorna entonces la puerta
Y con su espada, defiende el ingreso...
Tres bayonetazos recibe, cerca de la ingle
Cinco, le traspasan el pecho
Por la sangre que mana de su cabeza, casi no ve
Pero logra salir igualmente, y se dirige a su casa

Luego de siete meses de una curación
Desesperada
Recobra la salud
Se dedica entonces, al comercio
Es decir, al contrabando
Trafica con los indios
Se casa con la hija de un cacique
Vive con ella
Se mezcla en las guerras de la tribu
Come carne cruda
Bebe (con gran gozo)
Sangre de caballos degollados

Ya casi es un salvaje hecho y derecho,
Podría decirse...
Cuando se entera
Que la guerra con el Brasil
Ha principiado
Deja entonces a sus hermanos, los indios
Y sienta plaza otra vez en el Ejército

Tantos sablazos distribuye
Que al final de la campaña
Es uno de los predilectos de Lavalle
Quien luego de sus hazañas
En Puente de Márquez,
Lo envía a Buenos Aires junto a otros oficiales

Está con ellos en el Café de la Comedia
Cuando siente
Que en una mesa contigua
Brindan por la muerte del General Lavalle,
Toma el vaso de uno
Sirve para ambos
Y al desenvainar las espadas
Lo deja tendido de un puntazo

Es preciso salvarse (le dicen)
¡Hay que ganar la campaña!
Adentrándose en La Pampa
Sabe, para su pesar
Que su mujer ha fallecido
Dos parientes mocetones
Lo acompañan

De Chacón, se trajo un fogonazo en la sien
Que le había arreado todo el pelo,
Y un embutido de pólvora por rostro...
Pero era joven, y culto, y elegante
Llevaba con él (por si le hiciera falta) un asistente
Pero si veía caer una res
Ya venía a beberle la sangre

Cuando atravesó la frontera para pasar a Coquimbo
Dos gruesos lagrimones corrieron por sus mejillas
Trataba de convencer a los suyos
Que era preciso deponer las armas
Les habló en la lengua:
Clavaron con angustia sus lanzas en el suelo
Dieron varias vueltas con sus caballos en torno de ellas
Antes de decidirse a dejarlas

La primer gota de sangre de la guerra civil
Ha salido de estas venas
, solía repetir...

Pasó un tiempo en Chile
Esperando
Hasta que en Guanda
El nombre de un antiguo enemigo
(Un tal Villafañe)
Que va a reunirse con Facundo
Lo llama nuevamente a la refriega
Anuncia públicamente allí
Su propósito de matarlo
Se lo dice además, personalmente
(Arroyo de por medio)
Con frases solemnes,
Vuelve luego tranquilo a donde estaba
A la sazón, almorzando

Esa noche, al claror de la luna
Recorre las cuatro leguas que lo separan de la casa
Entra en el patio
-¡Quien tiene enemigos no duerme!
Grita
Toma Villafañe su lanza
Mientras él desmonta, y evitando el primer embate
Lo traspasa

La partida que avanza
Toma la posta
Y pronto se pone, nuevamente
En marcha
Van a buscar a los suyos, dicen
Van a buscar su Argentina


Texto: Eduardo Magoo Nico
Ilustración: Gustavo Piccinini

lunes, noviembre 07, 2011

Carpa quebrada



Las aristas de mi cuerpo
Encallado
Para siempre sin contorno
Puente
Por las noches de borrasca
Tu lluvia y tu miedo y tu granizo
Río de granito
(Ruta marginal)

Gotas color el humo
Sobre ventanas de herrumbre
Rumores de laurel
El viento
Duerme
El olvido teje telas
En la araña
Punta y zona de torrentes

Los pies desnudos de la Bruja
En incrustaciones de reflejo Real


Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Ale Pi-hué

lunes, octubre 31, 2011

Marina Tsvietáieva II



INTENTO DE CELOS

¿Cómo se vive con otra?
¿Es más sencillo? ¡Golpe de remo!
Como la línea del borde
pronto se aleja el recuerdo.

De mí, isla flotante
Por el cielo –¡no por aguas!
Almas, seréis sólo hermanas.
Almas, ¡no seréis amantes!

¿vive con una mujer
sencilla? ¿Vive sin ídolos?
Ha depuesto a la reina,
la ha bajado del trono.

¿Cómo estará –se inquieta–?
¿Estrecha? ¿Se levanta?
El impuesto de la inmortal vulgaridad,
el pobre ¿cómo lo paga?

“Paréntesis, convulsiones–
¡Basta! Alquilaré una casa”.
Mi elegido,
¿cómo vive con cualquiera?

¿Más natural y digesto
su pan? No se queje si harto.
Usted, que pisó el Sinaí,
vive con un simulacro.

¿Cómo vive con una extraña,
Una de aquí, su costilla de Adán?
Rienda de Zeus, la vergüenza,
¿no le azota la cabeza?

¿Y de salud, cómo está?
¿Puede vivir y cantar?
La úlcera de la inmortal conciencia
¿cómo la domina, el pobre?

¿Cómo vive con productos
de mercado? ¿Es fuerte el impuesto?
Y del mármol de Carrara
¿cómo terminó en el polvo?

¿De yeso? ¡Un bloque tallado!
Dios, ¡y totalmente roto!
¿Cómo vive con mil tres
el que conoció a Lilith?

¿La novedad del mercado
Lo satisface? Harto de maravillas.
¿Cómo vive con una
Mujer terrestre, sin sexto

sentido?
De verdad, ¿será feliz?
¿No? En un hueco sin fondo.
¿Cómo estás? ¿Cada vez peor?
Igual que yo con el otro.

19 denoviembre de 1924



Nostalgia de la patria: ¡qué fastidio!
Después de largo tiempo delatado.
Ya me es indiferente
dónde sentirme sola.

Caminar sobre piedras,
a casa con la cesta.
La casa que no es mía:
hospital o caserna.

Me da igual quién me mire
como a un león cautivo.
Cuál es el clan humano
que me ha expulsado –siempre–.

Muy dentro de mí misma,
oso polar si hielo.
Dónde no poder convivir (¡ni lo intento!).
Dónde me humillarán –da lo mismo–.

No, mi lengua natal ya no me engaña,
ni materna, me engaña su llamada.
Ya me es indiferente en qué lenguaje
no seré comprendida por el hombre.

(Lector, devorador de toneladas
de periódicos, adicto al cotilleo…)
Él es del siglo veinte;
Yo: ¡fuera de los siglos!

Enhiesta como un tronco,
resto de la alameda.
Todo y todos iguales,
igual indiferencia.

Lo natal, lo pasado,
rasgos todos y marcas:
toda fecha borrada–
donde ha nacido el alma.

Mi tierra me ha perdido,
y el que investigue, astuto,
el ámbito de mi alma –¡mi alma toda!
no encontrará la traza.

Las casas son ajenas y los templos vacíos.
Me da todo lo mismo.
Mas si aparece un árbol
en el camino, un serbal…

3 de mayo de 1934 



Cuando miro las hojas caer
y rodar sobre las piedras,
arrastradas –como por el pintor
que da en su cuadro la última pincelada–,

pienso que (ya a nadie le gusta
mi semblante, mi aspecto pensativo),
descaradamente oxidada y amarilla,
una hoja en la rama quedó olvidada.

Octubre de 1936 



VERSOS A CHEQUIA

8

Lágrimas en los ojos:
¡de cólera y amor!
Está Chequia llorando
y España ensangrentada.

¡Una montaña negra
recubre todo el mundo!
Ha llegado la hora:
¡despide al creador!

Me niego a formar parte
del Bedlam inhumano.
Me niego a convivir
con lobos, en la plaza.

Me niego a aullar
con bestias de los valles,
y me niego a nadar
río abajo, de espalda.

Prescindo de orificios
para oír, de ojos para ver.
A tu mundo sin juicio
mi respuesta: renuncio.

15 de marzo-11 de mayo de 1939 



¡Ha llegado la hora! ¡Ya soy vieja
para este fuego!
Más viejo es el amor.
¡Tiene cincuenta eneros
la montaña!
–El amor es más viejo:
Es viejo como un fósil o como una serpiente,
y más viejo que el ámbar de Livonia,
más que todos los barcos fantasmas,
más viejo que las piedras y los mares.

Más viejo que el amor
el dolor, en mi pecho.

23 de enero de 1940



Fuente: Marina Tsvietáieva, "Antología poética". Poesía Hiperión. Madrid, 1996.

lunes, septiembre 12, 2011

Marina Tsvietáieva






Me dirijo exigiendo fe
y pidiendo que me amen.

Días y noches hablando y escribiendo:
La verdad que se afirma o que se niega.
La tristeza me invade con frecuencia.
Con sólo veinte años.

Me espera –ya lo sé–
El seguro perdón por las ofensas,
por toda mi irrefrenable ternura
y por mi aire demasiado altivo.

Por la velocidad de los sucesos,
Por la verdad y el juego…
Me tienen que escuchar.
Y amarme antes que muera

8 de diciembre e 1913


AMIGA

Bajo la manta de felpa
evoco el sueño de ayer.
¿Qué, de quién fue la victoria?
¿Quién se dejó vencer?

Otra vez el recuerdo,
otra vez el dolor.
Lo que no tuvo nombre,
¿puede llamarse amor?

¿Quién fue cazador? ¿Quién presa?
¡Todo endiablado, al revés!
¿Qué oyó el gato siberiano
ronroneando a placer?

En aquel duelo obstinado,
¿qué mano daba el saque?
De los dos corazones,
¿cuál volaba a galope?

Con todo, ni sé qué fue,
qué quiero, o por qué me quejo.
Sigo sin saber: ¿vencí
o me vencieron?

23 de octubre de 1914


(A Alia, su hija)

Algún día, criatura encantadora,
para ti seré sólo un recuerdo,

perdido allá, en tus ojos azules,
en la lejanía de tu memoria.

Olvidarás mi perfil aguileño,
y mi frente entre nubes de humo,

y mi eterna risa que a todos engaña,
y una centena de anillos de plata

en mi mano, el altillo-camarote,
mis papeles en divino desorden…

Por la desgracia alzadas, en el año terrible,
Tú eras pequeña y yo era joven.

Noviembre de 1919


REGRESO DEL LÍDER

El caballo… cojo.
La espada… oxidada.
¿Quién es el líder
jefe de multitudes?

Paso –una hora –.
Respiro –un siglo–.
Mirando hacia lo bajo,
donde se encuentran todos,.

Enemigo o Amigo
espina o Laurel.
Todo sueña.
El Caballo es él.

El caballo… cojo.
La espada… oxidada.
La capa, vieja.
Mas derecho el cuerpo.

3 de julio de 1921
 


Cruel edad,
Amor perseverante.
Manos: resplandor y sal.
Labios: azabache y sangre.

Trueno en el pecho izquierdo,
en la frente resentido.
Así –la frente en la piedra–,
¿quién te ha amado?

¡Adiós, intenciones! ¡adiós, ficciones!
Aquí –alondras–, aquí –madreselva–,
aquí –con las manos llenas–, entregada
a mis salvajadas –y a mis sedas–,
a mi arcoíris de llanto,
a mis murmullos, tanteos…

¡Vida querida!
¡Deseosa todavía!
Recuerda el peso
En el hombro derecho.

Rumores anochecidos…
¡Con las aves me levanto!
Mi radiante plumazo
surca tu manuscrito.

12 de junio de 1922

 


La vida miente inimitablemente:
más allá de la espera, la mentira…
Mas por el temblor en todas las venas
¡podrás distinguir la vida!

Es como echarse sobre el trigo: zumbido, azul…
(¡Aunque sea echar mentiras!) –calor, atalaya…
Rumor, en la madreselva, de cien rejos.
¡Alégrate! – ¡Es un llamado!

Y no me reprendas, amigo mío.
Tan fascinante están nuestras almas,
que ya la frente se abisma en el sueño.
Di, ¿por qué, si no, cantabas?

En el libro blanco de tus silencios,
en la arcilla salvaje de tus “sí”–
callada agacho la frente
porque mi palma es la vida.

8 de julio de 1922


HILOS

Paciencia: así la piedra rompen.
Paciencia: así la muerte esperan.
Paciencia: las noticias maduran.
Paciencia: que la venganza llega.

Te esperaré –con los dedos anudados–
Así la Soberana espera su mancebo.
Con paciencia, como la rima esperan;
con paciencia, se les roen las manos.

Te esperaré –la mirada en la tierra.
Dientes los labios. Pasmo. Piedra.
Con paciencia, como el placer prolongan.
Con paciencia, como ensartan las cuentas.

Crujido de trineo; crujido en una puerta.
Estruendo del viento.
Llegó el más alto decreto:
cambio de reinado: el cortesano vuelve.

Y la casa:
No es terrestre
pero es mía.

27 de marzo de 1923



Fuente: Marina Tsvietáieva, "Antología poética". Poesía Hiperión. Madrid, 1996.



 

domingo, julio 31, 2011

Alejandro Rússovich



¿Quién es Witold Gombrowicz?

Cierto día del año 1969 me estaba afeitando mientras oía la voz de Rosa María, mi esposa, entrecortada por el ruido del agua cada vez que abría la canilla. Tal como ocurre con frecuencia, ella estaba hablando por teléfono. Cuando cortó, tuvo que repetirme, porque no la oía bien: —Murió Gombrowicz. La maquinita de afeitar, suspendida en el aire, y mi cara inmovilizada en la expresión de "cara en el espejo" es todo lo que recuerdo del momento en que supe que el autor de Ferdidurke había pasado del estar al ser.


¿Quién es Gombrowicz?

¿Quién es Gombrowicz? Digamos que es una pregunta típica. Profunda y típicamente ferdidurkiana. Toda su obra es un reflejo, una representación; para decirlo con palabras de su maestro Schopenhauer, de su voluntad de ser él mismo, de su obsesión de mismidad. Al final de su vida exclama: "No he encontrado más respuesta que ésta: no sé cuál es mi forma, lo que soy, pero sufro cuando se me deforma. Así sé al menos lo que no soy. Mi yo no es otra cosa que mi voluntad de ser yo mismo." Habría que formular entonces la pregunta de otro modo: ¿quién no es Gombrowicz? Si alguien de sopetón me preguntara quién no soy yo, creo que lo primero que se me ocurriría es nombrar a alguien que amo. ¿A quién amaba Gombrowicz? Sin lugar a dudas, reverenciaba a Schopenhauer, a quien, según su costumbre de otorgar títulos, solía llamar "El genio de Dantzig"; en compañía de Federico Nietzsche, de Thomas Mann y de Sigmund Freud, hacía suya la tajante divisa del filósofo: el mundo es mi representación y, lo mismo que ellos, afirmaba la absoluta primacía de la voluntad sobre el intelecto. Pero venerar no es amar. Y lo más que puede inspirar un filósofo, según Kant, es ese sentimiento puro y elevado, ecuánime, pero algo rígido y exangüe, que es el respeto. Una cosa sí es segura, me consta, y él aprobaría calurosamente que yo lo diga: amaba a Rabelais, a Shakespeare, a Montaigne, y ¿por qué no decirlo? amaba a los perritos.


Aurora y los perritos

A mediados de los años '40 Gombrowicz publicó una revista underground, de la cual desgraciadamente apareció un solo número, que yo tengo como una especie de incunable, llamada Aurora, revista de la resistencia. Comienza con un manifiesto:

"Puesto que en la prensa literaria de la Superficie ya no se puede escribir, porque todo choca, nos vemos obligados a descender al subsuelo para hacer oír de vez en cuando la voz clandestina de esta Revista. ¡Atención! ¡Mantened la santa llama de la resistencia! ¡Apoyad al tibio Comité de la Resistencia y al subterráneo, discreto y lento Movimiento de Renovación! Enviadnos cartas: Aurora, Junín 1381,1°B. EL COMITÉ."

El primer anuncio publicitario dice: "Un perrito blanco lanudo, y bien alimentado".

Quiero reproducirla más o menos extensamente, porque se trata de un escrito inédito de Gombrowicz, en donde se dan algunas claves de su relación con el mundo intelectual argentino, que de alguna manera reflejaba su actitud provocadora y distante con respecto al mundo intelectual de Polonia. El artículo de fondo dice:
"¿Qué aspecto ofrece el campo de la literatura? ¿Sería de nuestra parte un exceso de atrevimiento decir que el campo, a pesar de tantos y tan excelsos talentos, resulta algo aburrido? Es verdad que todos funcionan y se sabe que Borges publicará un nuevo libro de altos quilates, Capdevila un volumen de romances y Larreta una manzana. Pero no hay vida. Todos estos hombres no son hombres sino meras abstracciones o mejor dicho, muy talentosas y capacitadas fábricas. ¿Acaso se puede exigir de Capdevila que sea Capdevila cuando Capdevila además de ser Capdevila es también Doctor y Profesor y Poeta y, por añadidura, redactor de La Prensa? ¿Acaso Larreta puede ser Larreta, así como un diamante es sólo diamante, cuando Larreta tiene que ser un monumento de clásica casticidad? Borges ya se ha vuelto demasiado borgiano y, francamente, Barletta nos resulta demasiado Barletta. Todo esto es monótono. Es cosa rara hasta qué punto el pueblo no se parece a su Literatura. ¿Cómo es que el pueblo se atreve a ser tan insolente? ¿Por qué la gente no es metafísicamente asirio-babilónica como Borges, monumentalmente castiza como Larreta, y orientalmente árabe como Capdevila? ¿Por qué al tonto pueblo le gusta la palabra directa y ágil, mientras su Literatura a menudo se deleita con un Verbo ornamental, retórico, rebuscado y un tanto estéril? ¿Por qué será que un inculto vendedor de diarios se permite expresarse con más soberanía, originalidad y belleza que todas las revistas que vende junto con todas las personas cultas que las compran? Si esto sigue así habrá que formar otra Academia de Letras compuesta de analfabetos, porque no cabe duda de que son ellos los que hacen una literatura más vital. Pero si los incultos se expresan mejor que los cultos, si a medida que trepamos en la pirámide social tanto más se deja sentir una parálisis general, esto significa que algo anda mal en esa cultura. Si en privado somos ingeniosos, creadores y llenos de chispa, mientras en público nuestra voz sufre un leve apagamiento, esto prueba que nuestro estilo público está por debajo de nuestro estilo privado. En casa somos vitales porque somos nosotros mismos, pero en público ocultamos nuestras verdades internas y nos convertimos en voceros de la Abstracción. Debemos, pues, comprender que nuestro estilo público es malo y como leones, tigres y águilas irrumpir sin timidez, ni miedo, ni cálculo, en este solemne recinto oficial que nos inspira demasiado respeto. ¡Así lo proclama el Comité de la Resistencia!"

Sigue un anuncio que dice "Cambiamos un perro negro mordedor por 2 viejos". Más adelante hay otro aviso que dice "Lindas y gordas pulgas con dos perros y una perrera". Se transcribe un telegrama llegado a la revista. "Me adhiero con entusiasmo, pero en el subsuelo, porque en planta baja soy neo-universalista, en el primer piso, nominalista, y en el segundo, kierkegaardista, Jean Paul, sastre de medida para caballeros". Sigue un anuncio que dice "Perros ordinarios sin raza para un acuario". Hay un artículo acerca de la nueva Florencia; la transcripción del discurso de un orador en un banquete:

(La escena representa Un Banquete. Personajes: El Orador y el Público)

EL ORADOR: L'ETERNEL SOURIRE DANS LEQUEL LA GRACE ET L'INGENCE... (y se quita la corbata).
EL PÚBLICO: algo extrañado.
EL ORADOR: LA CLARTE DE LA PENSEE ET L'INSUPERABLE ESPRIT DE LA MESURE... (y se quita los zapatos).
EL PÚBLICO: más extrañado.
EL ORADOR: L'ELEGANCE EXQUISE ET LE CHARME... (y se quita el saco).
EL PÚBLICO: muy extrañado.
EL ORADOR: LA DISTINCTION, LE TACT ET LA FINESSE UNIES AU BON GOUT... (y se quita los pantalones).
EL PÚBLICO: se levanta
EL ORADOR: LA CRAVATE, LE VESTON, LES BOTTINES ET LES PANTALONS... (y se quita todo lo demás). TELON.

Ese artículo está precedido de un aviso: "Un perro amarillo fofo y nuevo".

Estoy leyendo esta revista porque de alguna manera la redactamos en colaboración. El castellano de Gombrowicz entonces no era tan correcto, y algunas de las frases o de las ideas de esta revistita las discutimos, y especialmente los anuncios. Muchas de las noticias del mundo intelectual porteño las tenía Gombrowicz a través mío, y sobre todo a través del poeta Mastronardi, que formaba parte del círculo de la revista Sur.

"LA PIADOSA FLORENCIA. A nosotros Francia nos encanta; palabra ¡nos gusta París! Pero ya no podemos soportar ese eterno culto a la Madurez ajena cuyos sacrilegos ritos nos colocan siempre DE RODILLAS. Antes de cruzar las espadas con la Suma Sacerdotisa del culto inmaduro de la Madurez, Victoria Ocampo, que nos sea permitido tributarle un cortés saludo. Victoria Ocampo es inteligente y tiene personalidad ¡Viva Victoria Ocampo! Empero esta poderosa Dama Mundana, esta alma violenta y apasionada, bañada en ignotas infinitas soberbias, indescriptibles y sangrientos lujos del Medioevo Suramericano, por un indescriptible Misterio de su Iglesia Interna se convierte en una niña temblorosa cuando se enfrenta con lo que ella misma llama "Valéry y Francia". ¡Muera Victoria Ocampo! Vedla como se esquiva, se aniquila, se inmaduriza ante Valéry. "Valéry me había deslumbrado y sofocado". "Qué emoción la de ver tantos nombres conocidos delante de los platos aún vacíos. ¡Qué oportunidad inaudita para una sudamericana —cactus en maceta— que cree en la literatura religiosamente". "Yo veía en él el más perfecto símbolo de Europa, de su preeminencia, de su cultura, de su hechizo, de su calidad, de su exactitud soberana". En vano se defiende: "Nunca sabrá él todas las energías que yo desplegaba para resistir el poderoso soplo...".Y toma todo muy a lo trágico: "Su cortesía con las mujeres me daba vértigo"

Sigue un anuncio que dice: "Se busca un perro grande para achicarlo"

"¿Es éste, pues, el tono de una Ocampo y, más aún, de una Victoria Ocampo, ante uno de los innumerables genios franceses? Pero chiquilla, aunque no fueses Victoria sino la más humilde y más inmadura de las hermosas hijas de esta tierra, no te conviene arrodillarte ante nadie fuera de Nuestro Señor Jesucristo. Levántate y mira a tu alrededor con más serenidad. Ese asunto de la inmadurez americana y de la madurez europea está ya muy gastado. Ni América es tan inmadura, ni Europa es tan madura. El que quiere conseguir la soberanía espiritual frente a las personas y culturas mayores debe comprender primero: que los mayores también son inmaduros aunque en distinto plano; segundo: que nos conviene apoyarnos firmemente sobre nuestra propia realidad. Sobre estas dos verdades, como sobre dos pilares, se basará de ahora en adelante la política Intercontinental de nuestro discreto pero eficaz Comité de Resistencia."

Se anuncia: "Un perro lindo y grande con cachorros y dos perras".

En esos días tuvo lugar en Buenos Aires una reunión internacional del Pen Club. Fue un acontecimiento cultural de primera magnitud. Se trataba el tema del intelectual y del escritor comprometido. Uno de los principales representantes de esta polémica era precisamente Jean Paul Sartre. Otro tema era el de la responsabilidad por la palabra. Yo tenía una vieja máquina de escribir; todavía la conservo. Era de mi abuelo, y se le podían cambiar los tipos, y yo me obstinaba en escribir mis monografías para la facultad con esa máquina, con el resultado de que me equivocaba terriblemente y tenía que interrumpir a cada rato porque no tenía otro instrumento adecuado. Gombrowicz se reía mucho de esta esclavitud mía respecto de la máquina de escribir, y en esta revista aludiendo a esa problemática del Pen Club, cuenta:

"Otra costumbre muy aburrida es la de la excesiva Responsabilidad por la Palabra. Fíjense en lo que le ocurrió al escritor Hipólito Alonso Pereiro, cuyos lemas inquebrantables eran: Método, Lógica y sobre todo. Responsabilidad. Estaba escribiendo a máquina la primera frase de su novela "EL MUCAMO PREGUNTÓ A MATILDE SI HABÍA ORDENADO LLAMAR EL COCHE Y ELLA QUISO CONTESTARLE PERO..." mas en vez de "pero" por un simple error salió "PERRO"... Otro literato con menos fuerza de carácter hubiese sencillamente corregido el error; no así Pereiro quien, consciente de su alta misión, no vaciló en aceptar la plena responsabilidad por la palabra. "...QUISO CONTESTARLE PERRO" —prosiguió— "Y ASÍ PUES LE CONTESTÓ. —¡PERRO!—GRITÓ— ¡INSOLENTE PERRO!". Y con el infalible Método que le caracterizaba, el Escritor estructuró en seguida la respuesta del mucamo... "SI YO SOY UN PERRO. ENTONCES USTED, SEÑORA ES UNA PERRA". Mas, desgraciadamente, por un nuevo error del teclado la máquina en vez de "PERRA" escribió "PERA" y el Creador de nuevo no titubeó en afrontar con la cabeza erguida la terrible realidad y sacar del hecho las debidas consecuencias. SÍ, PERA PERRA, ES DECIR PERRA PERA ES USTED PARA MÍ, SEÑORA, PORQUE SEPA QUE ME GUSTA LA BRUTA (¡Desgraciado! quiso escribir "LA FRUTA", ¡pero ya era demasiado tarde!) ¡¿AH, AH, AH, SOY BRUTA?! QUE ME MUERDA... (¡Infeliz! Era "MUERA"). —¿MORDERTE? ¡CON PUSTO! —¡INFAME! ¡SOS COCO! —¡LA COCA COLA ES USTED! —¡LOCOCO! ¡CO-COCO!! COCOCOCOCO XETEIUGBJNDLOEMXEVGZY % 35 MUGSFEYTRBOLPITIU... Ya veis a qué conduce la excesiva Responsabilidad por la Palabra."

El anuncio dice: "Muchos perros con muchas perras en muchas perreras". Y después de otro anuncio "Dos perros bien alimentados en estado de descomposición", viene la palabra final:

"PALABRA FINAL: Si has perdido la sensibilidad para las verdades frescas y sencillas, si te falta el sentido del humor y de la poesía y no sabes divertirte con los perros como un niño, no leas, te lo rogamos, nuestra Revista. Pero a lo mejor también se te escapa la profunda seriedad de esta bella Aurora que sólo finge ser ingenua... por ser muy pequeña... Hazla crecer y verás entonces con qué ímpetu (tibio y discreto) se abalanzará sobre tus demonios. No digas que éstas son macanas, metiéndote el dedo en la nariz con aire de superioridad y suficiencia. Tienes que saber que el Comité mandó a pasear su inteligente perrita para palpar el ambiente y comprobar cómo vas a reaccionar frente a un Espíritu bienhechor y nuevo. Sólo por casualidad y por gusto hemos empezado con París y Victoria Ocampo, pues del mismo modo podríamos empezar con Barletta y su Teatro del Pueblo. Debes leer en estas dos páginas más de lo que está escrito... y tratar de reconstruir el esqueleto de nuestro perro a base de este hueso que te regalamos."


Aquí Gombrowicz!

Sus relaciones con el mundo intelectual y artístico argentino están aquí reflejadas de manera ejemplar. Una noche salíamos de la confitería Rex y nos cruzamos con Borges, que venía en dirección opuesta. Yo se lo señalé, y entonces Gombrowicz, que alcanzó a verlo de espaldas, cuando ya estaba a algunos metros de distancia, gritó apretando el índice contra su pecho: "¡Aquí Gombrowicz!". Borges pareció titubear, confundido, trastabilló, y sin volverse siguió caminando con su paso algo vacilante. Por ese entonces Gombrowicz no había leído los escritos de Borges. Más tarde, ya en Europa se sintió fascinado por algunos textos, en especial La muerte y la brújula. Recientemente, el escritor Juan José Saer ha trazado un paralelo notable entre Borges y Gombrowicz, sobre todo en cuanto a la posición distante y comprometida que ambos mantuvieron frente a la cultura nacional, polaca y argentina respectivamente. Una vez llegó a Buenos Aires en visita oficial, como presidente de la Sociedad de Escritores Polacos, Jaroslaw Iwaszkiewicz, novelista y poeta que antes de la guerra comandaba uno de los reductos más exclusivos de la literatura polaca: el grupo "Skamander" que se reunía en un célebre café de Varsovia, al que también concurría Gombrowicz, formando él, eso sí, rancho aparte con su propia mesa, rodeado de jóvenes iracundos, principalmente judíos, olímpicamente ignorados por los poetas oficiales del grupo Skamander, como aquí lo serían Gombrowicz y sus jóvenes acólitos por el círculo hermético de la revista Sur, comandado por Victoria Ocampo. La última vez que vi a Iwaszkiewicz fue en una película de Wajda, Las señoritas de Wilko, sobre un texto de Iwaszkiewicz, que aparece en la película al comienzo y al final como pasajero del tren, algo así como acostumbraba hacer Hitchcock. El caso es que por no sé qué circunstancias Iwaszkiewicz se vio encumbrado y condecorado por un régimen político que por aquellos años de rígido realismo socialista había prohibido la impresión de toda la obra de Gombrowicz. Gombrowicz vegetaba entonces como ínfimo empleado en el Banco Polaco y quiso aprovechar la visita de Iwaszkiewicz para llamar un poco la atención sobre su figura en la colonia polaca de Buenos Aires; concretamente, para mejorar su situación, y sobre todo su pequeño sueldito en el banco. Con motivo de una recepción en honor del ilustre visitante, que organizó el Banco Polaco, se le ocurrió a Gombrowicz tramar, con mi alegre colaboración, una pequeña farsa, a las que éramos tan aficionados. Me hizo aprender unos versos de Iwaszkiewicz con toda la entonación y ademanes apropiados para una declamación fervorosa y entusiasta. Me presentó a Iwaszkiewicz como un joven argentino que influido por él se había convertido en admirador incondicional de su poesía, y como muestra, me pidió que recitara algunos fragmentos. Todavía recuerdo esos versitos: zlote motyle byalich piur (...) eso quiere decir algo así como: "las doradas mariposas de blancas alas se balancean en el horizonte. Es la hija de las cuatro estaciones, Zenobia, en la que el viento se metió".
Iwaszkiewicz no entendía nada. Alternativamente pálido y ruborizado, terminó dándome tímidamente la mano, murmurando alguna frase en polaco, que yo fingí entender, agradecido y radiante.


La forma de Gombrowicz

Desde el comienzo, caracterizamos y reconocemos a ciertos personajes, a veces por una sola idea. El ser de Parménides, el devenir de Heráclito, el reino de las ideas de Platón, la lógica de Aristóteles, obsesiones que se llevan hasta sus últimas consecuencias. Un pintor, un músico, un artista, persigue incansablemente la realización de una idea. Kant se pregunta cómo son posibles los juicios sintéticos a priori. Hegel persigue a través de su obra inmensa la caracterización de algo que es la Idea, el género humano, la historia. Schopenhauer, la voluntad de vivir, Nietzsche, la voluntad de poder. Para Gombrowicz esta obsesión era la Forma. ¿Y qué es la Forma, qué significa? Podríamos preguntar, ya que tanto lo obsesionaba, ¿cuál es la forma de Gombrowicz? El mismo en un fragmento de su Diario que se publicó aquí como Diario Argentino nos dice: "Ningún animal, batracio, crustáceo, ningún monstruo imaginario, ninguna galaxia, me son tan inaccesibles y ajenos como yo. ¿Una idea fútil? Te has esforzado durante años en ser alguien? ¿Y qué has llegado a ser?: un río de acontecimientos en el presente, un torrente tempestuoso de hechos fluyendo en el presente hacia el momento frío que padeces, y que no logras referir a nada. El abismo. He ahí lo único tuyo".
¿Qué amaba Gombrowicz? El mismo nos lo dice: "Amaba a la juventud. No la idea de la juventud, no la promesa ni el porvenir ni la esperanza, porque el porvenir es esperanza de madurez, fijación, seguridad, posesión mezquina de un codiciado "yo".
Amaba a la juventud humana oscura, aplastada por todos los valores de la cultura, sofocada por la seriedad, la historia, las precedencias y las consecuencias, deslumbrada por la majestad de las ideas que su propio ser provoca y genera sin saberlo. Que se refieren sólo a ella, aunque parecen dirigirse a Dios, a la humanidad, al destino sagrado del hombre. Valor en sí, la juventud no lo es, sin embargo lo es, para sí misma. La madurez carente de belleza produce la belleza juvenil. Sólo a través del maduro el joven es consciente de sí, se reconoce como valor. La mediación, lo que a la vez comunica y separa al joven del adulto, es la forma. Como el agua a los peces, la forma, nos incluye, nos limita y determina, nos vivifica y nos mata. Existir es formarse, informarse, deformarse, conformarse y no conformarse. Ser ser, es ser forma. No hay salida, no hay modo alguno de eludir el conflicto, porque el conflicto nos constituye. En esta lucha se configura el mundo humano. Emerge o se hunde la cultura. Se crea y se desvanece a cada instante la inaprensible esencia del hombre. La madurez, la inmadurez, la forma, son los grandes temas que resuenan con mil matices, con tonos iridiscentes, violentos, armónicos, disonantes, obsesivos, a través de la obra escrita de Gombrowicz, fragmento privilegiado de la obra total que fue su vida. De aquí arranca toda la fuerza configuradora que estos temas alcanzan en sus escritos. Se trata de un conflicto personal, vivido y sufrido hasta sus últimas consecuencias. Eso que Nietzsche quería para sí mismo: vivir su filosofía, fue para Gombrowicz su modo privado y público de existir, su pan de cada día. Convivir con él me ponía de continuo ante esa rara identidad de vida y obra. Su voluntad de forma imprimía a toda su actitud, a cada uno de sus gestos, un sello particular de deliberación y autoconsciencia. Sus ademanes cortantes, nítidamente perfilados, su voz de inflexiones marcadas, de timbre perentorio, irónico, levemente nasal, eran piezas diseñadas para el juego, o más bien duelo perenne con la forma. Para decirlo con las palabras con que describe a uno de sus personajes: no hacía nada más que comportarse. Se comportaba sin parar, sólo que acentuando lo convencional del signo, poniéndolo por eso mismo en evidencia, desnudo y libre, apuntando de modo inquietante hacia algo todavía no formado, hacia esa tierra de nadie donde se engendra el significado. Digo tierra de nadie porque lo que allí surge no pertenece al individuo aislado. Si así fuera, nada podría explicar la existencia del lenguaje, de las múltiples formas codificadas de la comunicación. No es en mí donde nace mi forma, mi pinta, mi facha, o para decirlo a la alemana, mi Gestall. No fui yo quien la inventó. La forma que me define ante mí y ante los otros puede ser mía, ¿pero quién es el que dice "mía", dónde está, qué es ese yo inaprensible que llama "mía" a mi facha, que se recubre de una identidad puesta desde afuera, forrado de valores, titubeando entre el prestigio y la vergüenza, sabio, idiota, heroico, cobarde, responsable, irresponsable? Desde alguna parte, acuñada en mi memoria, la voz de Gombrowicz me responde: —Inútil, Russo, preguntar. Da lo mismo. La cosa no está en usted ni en mí. Está entrenosotros. Yo ante usted. Usted ante mí. Nos hacemos. No somos dos, somos "entre".

Cierta vez cayó en mis manos un libro, ¿Qué es el hombre? de Martín Buber. Con claridad y rigor incomparable concluía Buber estableciendo el concepto del "entre" casi con las mismas palabras que Gombrowicz. La diferencia era de estrato existencial. Gombrowicz sufría y plasmaba en obra de arte lo que Buber pensaba. Le pasé el libro y lo leyó, primero con desconfianza y, poco a poco, con encanto y entusiasmo crecientes. Aún conservo el ejemplar subrayado por él vigorosamente. Le escribió enseguida a Jerusalem enviándole un ejemplar de El casamiento. Buber le contestó con una hermosa carta en polaco donde, entre otras cosas, le decía que encontraba el mundo de El casamiento mucho más grande que el de Pirandello. Cito aquí algunas de las frases de Buber subrayadas por Gombrowicz. "El hecho fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre. Lo que singulariza al mundo humano por encima de todo es que en él ocurre, entre ser y ser, algo que no encuentra par en ningún otro rincón de la naturaleza. El lenguaje no es más que su signo y su medio. Toda obra espiritual ha sido provocada por ese algo. Es lo que hace de un hombre un hombre. Pero siguiendo su camino el hombre no sólo se despliega, sino que también se encoge y degenera. Sus raíces se hallan en que un ser busca a otro ser. Como éste es otro ser concreto, para comunicar con él en una esfera común a los dos, pero que sobrepasa el campo propio de cada uno, esta esfera, que ya está plantada con la existencia del hombre como hombre, pero que todavía no ha sido conceptualmente dibujada, la denomino la esfera del entre. Constituye una protocategoría de la realidad humana".
Y digo yo, en esa inexplorada, extraña franja de lo interhumano vivimos, creemos y creamos todo cuanto puede crearse. Es nuestro dominio, es allí donde somos dominados por fuerzas que nos sobrepasan. Ferdidurke, El Casamiento, La Seducción, Cosmos, los tres volúmenes del Diario, abren una perspectiva radicalmente nueva, donde se sitúa el drama. Es preciso acomodar los ojos a este enfoque desacostumbrado que altera sutilmente los módulos, las relaciones de valor, las reglas habituales del acontecer humano. Como Isaías, Gombrowicz viene a decirnos: Reconoce a tus ídolos, observa la materia con la que los fabricas. Es tu propia sustancia. Juega con ellos, si quieres. Pero no te engañes. No te dejes arrebatar por esa estúpida seriedad con que te adoras a ti mismo en ellos. La atmósfera del planeta se hace irrespirable por el hedor del incienso con que les rindes culto. Sangre, pólvora, gases, radiaciones mortíferas, se elevan de los altares que eriges a la raza, la patria, la civilización, la ciencia, la propiedad, el honor, el arte. Destaco estas ideas, en particular el concepto del "entre", porque creo que son las que llevarán más lejos la obra y la influencia de Gombrowicz en los tiempos venideros. Pienso que la crítica actual se limita a glosar algunos rasgos de esa obra sin advertir su verdadera originalidad, eludiendo la problemática expresa de Gombrowicz, lo que efectivamente aporta al mundo del hombre. Estructuralistas, psicoanalistas, marxistas se apropian de su figura, analizan su obra y, como en una fonda española, terminan por encontrar allí lo que ellos mismos llevaron. Todo esto hace mucho por su fama, pero en verdad no mucho por la comprensión y la eficacia de su obra y de su vida. Quien quiera saber algo de él, que lo lea. Allí están sus libros. Para eso los escribió, para eso vivió. Quien quiera conocer a un hombre verdadero, que se acerque lo toque. Que se lo lleve a la boca.


El Morocho

Para terminar, voy a añadir una pequeña colaboración mía que no fue publicada en Aurora, pero que hace unos días preparando esta charla, volví a retomar. Si hubiera habido un segundo número de la revista, quizás Gombrowicz la hubiera incluido. Comienza con una cita del capítulo 3° del libro de las categorías de Aristóteles. Predicamos el término "hombre" de un hombre. Igualmente predicamos, del término "hombre", el término "animal". Luego, en consecuencia, podemos predicar también el término "animal" de éste o aquel hombre, porque un hombre es ambas cosas: hombre y animal. El pequeño relato dice así:
"Volviendo a Buenos Aires desde el campo, en Corrientes, viajaba yo en compañía de un caballo o, como decimos allá, de mi montado. Podía hacerlo porque en aquellos tiempos era posible viajar por el río Paraná en barcos de pasajeros. Mi papá fue comisario de a bordo en esos vapores durante muchos años. Había camarotes con cama, lavabos, y muchas comodidades, inclusive un ventilador. Para hacer las necesidades había, como se usa en Francia, un cuarto aparte, del que podían disponer libremente todos los pasajeros, sin distinción de sexos. Por eso podía viajar yo con mi caballo. Se admitían animales de forma humana, y el mío podía pasar perfectamente por un muchacho campesino algo tímido, porque no hablaba, pero en todo lo demás, semejante a los otros pasajeros. Vestía un pantalón, una remera blanca, y unos mocasines que le cubrían perfectamente los cascos, o vasos, como decimos por allá. Caminaba de modo seguro, y particularmente elegante, y se mantenía erguido sobre sus patas posteriores con tanta naturalidad que nadie hubiera podido advertir su condición de caballo. En tiempos remotos, los griegos, tan amantes de los caballos, los incluyeron entre sus iguales representados por figuras con cabeza y torso humanos, y el resto del cuerpo bella y armoniosamente equino. Pero mi montado no tenía cara de centauro. Era un muchacho común, hecho y derecho. Sólo que no hablaba y, en general, no sabía qué hacer con las manos. Como lo llevaba en mi camarote, cada vez que quería beber, yo llenaba el lavabo y él metía delicadamente su belfo, boca, succionando hasta la última gota de agua. El problema se produjo cuando llegamos al puerto de Buenos Aires. Naturalmente, me proponía ensillarlo para bajar elegantemente montado. Me imaginaba que iba a causar una verdadera sensación a mis amigos, que estarían esperándome en el muelle de la dársena sur.

—Morocho, vení, le dije en guaraní. Eyoko ape; tengo que ensillarte. Pónete en cuatro patas.

No sé si porque ya se había acostumbrado a la posición erecta o simplemente por capricho (francamente a veces uno no entiende a los caballos), el caso es que parecía titubear, y con sus grandes ojos me dio a entender que yo podía montar sobre sus lomos manteniéndose como yo sobre las patas traseras. Al final se puso en cuatro patas, pero la situación resultaba algo penosa. Lo peor fue que señaló con sus torpes manos un gran bulto que se le había formado en el fundillo de los pantalones. Me puse a buscar febrilmente, porque ya estábamos arribando a puerto, un inodoro, o taza, un excusado o algo así. Pero justamente porque el desembarco era inminente, todos los inodoros estaban ocupados, principalmente por lindas damas y señoritas. Algunas aprovechaban para empolvarse y pintarse los labios. ¡Dios mío, yo no sé por qué las mujeres tardan tanto en el baño! Finalmente, un caballero verdaderamente amable y comprensivo se ofreció a ayudarme y pudimos encontrar una suerte de recipiente o tacho. Realmente, la vida presenta situaciones insospechadas."

Fuente:"La Caja. Revista del ensayo negro." N° 8. Junio-Julio de 1994.

www.elortiba.org

miércoles, junio 01, 2011

Bernardo Atxaga




Las cebras y la muerte

Éramos ciento cincuenta y siete cebras
corriendo por la llanura seca
y yo iba detrás del veinticuatro,
del veinticinco y del veintiséis,
delante del sesenta y del sesenta y uno,
y de pronto saltando nos adelantaron
el ciento dieciocho, el ciento diecinueve
y el ciento veinte diciendo "río", "río",
y el veinticinco repitió "río", "río"
y de pronto nos alcanzó el ciento treinta
y también nos adelantó saltando,
y el veinticinco giró hacia la izquierda
por delante del veinticuatro y del veintiséis,
y de pronto vi el sol en el agua del río
brillando con brillantes salpicaduras,
y el ocho y el nueve pasaron a mi lado
corriendo en dirección contraria
con la boca llena de agua y las patas
mojadas y el pecho mojado
y diciendo "adelante", "adelante"
y me crucé de pronto con el cinco y el siete
que también corrían en dirección contraria
pero diciendo "cocodrilos", "cocodrilos",
y luego pasaron el seis, el treinta y el doce
y todos dijeron a coro "cocodrilos",
y bebí agua, bebí agua brillante
de brillantes salpicaduras,
"un cocodrilo" gritó el veinticinco,
"un cocodrilo" repetí reculando
y corriendo en dirección contraria,
y me crucé de pronto con el ciento cincuenta
y el ciento cincuenta y uno,
"cocodrilos", "cocodrilos" dije
con la boca llena de agua y las patas
mojadas y el pecho mojado
y seguí corriendo por la llanura seca
detrás del veinticuatro y del veintiséis,
delante del sesenta y del sesenta y uno,
y había de pronto un hueco
entre el veinticuatro y el veintiséis,
y de un salto de pronto ocupé el hueco.
Éramos ciento cuarenta y nueve cebras
corriendo por la llanura seca,
delante de mí iban el doce, el trece
y el catorce, y detrás de mí
el cuarenta y tres y el cuarenta y cuatro.


Foto: Cortesía de Nora Lezano.

Fuente: Kriller71.blogspot.com