lunes, agosto 03, 2026

LA TERRAZA



Ojazos de vaca, los que me miran


abundantemente, ahora.


Yo supe detalles y formas.


Cada vez que perdía el habla


ponía punto, a veces coma,


para evitar lagunas silenciosas.




Los ruidos de adentro


no se corresponden con el sibilino fluir


de los lenguajes extranjeros.


La boca abierta piensa.


Había palabras y gradaciones de grises


en los escalones que subían a mi terraza.


Flores de nácar y no me olvides,


alegrías del hogar.




¡Ansia de inspirar y de espirar


de una vez y para siempre!


(Un paréntesis, puntual).




Porque tanta pena y bruma


nos quiebra el alma,


algo redondo y brillante como el sol


nos hace falta.




Texto: Eduardo Magoo Nico

Foto: Alejandro Pi-hué


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