Mi memoria vive en un presente total
que abarca lo que fue y lo que será.
La vida sigue su curso.
Los fantasmas de dos primos
que lejanamente recordaba,
recorren con parsimonia
el callejón de los naranjos.
Jóvenes y flexibles,
tez pálida, ojos sonrosados.
Fruto de la rama bien regada,
llueven nacencias emparentadas
con los brotes de los árboles.
Un mariposón limonero,
negro con manchas amarillas,
se demora libando las flores de azahar.
En el celaje liláceo del sueño apacible
(envuelta en la sábana del alma)
una luciérnaga entreabrió el denso tinte.
Sus dos siluetas insistían aún
con la fuerza de los desesperados
(yacentes pero no caducos)
en la tiniebla rancia de lo deseado.
Texto: Eduardo Magoo Nico.

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