No leas lo que escribes,
observa las figuras que aparecen
en los espacios en blanco,
verás amontonadas en racimos
cosas terribles.
Míralas mientras los perros
aúllan allá afuera
y apagan con su orín
el brillo del pórfido
de tus fecundos umbrales.
Aislado, sin apoyo, sin defensa,
encerrado en tu perpetuo cautiverio.
Hasta el agua y el fuego
complotan para entregarte
a la soledad de los monstruos.
Solo.
En un país extraño
de pura gente idiota.
Sin origen, sin destino.
No logrará, sin embargo,
la cercanía de la muerte
hundirte en la autocompasión
a la que nunca te has abandonado.
Seré agorero esta única vez.
Lloverá otro siglo de penurias
sobre nuestras benditas provincias.
Morirá mucha gente,
muchos se irán para no volver.
De lo que entonces quede,
se venderán los pedazos
al mejor postor.
Y así, nuestra Santa María
de los Buenos Aires
alcanzará su tan ansiada autarquía.
Una república plateada.
Más que plateada:
platiné.
Texto: Eduardo Magoo Nico
