La nariz, la cejas, el bigote, la tijera,
la pinza de depilar ancestros.
El frío del acero sobre la piedra.
Mirando mi dedo anular, finalmente descanso.
Alitas de cachalotes sobre un fondo azulino.
En la arboleda oscura, el albur tenue de la luna
me salpica de oro y miel.
Pétalos quemados, mis manos
caen en el fondo del pozo
donde llamea aún intermitente
una rosa roja de sangre.
Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Alejandro Pi-hué
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