martes, junio 08, 2021

El escritorio no era de caoba


 

 Al fin y al cabo

No hace tanto tiempo que el “tiempo”

Comenzó a extenderse por todas partes…

La vida humana no se ha regido

En su ya abundante historia

Por la imposición de un meridiano de referencia

(Que pasa por la ciudad inglesa de Greenwich)

Como por las condiciones atmosféricas

Es decir, por una magnitud no cuantificable

Que no conoce la regularidad lineal

No progresa constantemente

Está determinada por estancamientos e irrupciones

Se mueve en remolinos helicoidales

Que ascienden o descienden

Y cambian continuamente de dirección…

 

Estar “fuera del tiempo”

Era posible hasta hace poco

Y es posible todavía hoy

Los moribundos, los enfermos, y los muertos

Están fuera del tiempo

Un infortunio personal de una cierta gravedad

Puede extirparnos

(Como una especie de costra o de excrecencia)

De cualquier pasado

Y de todo atisbo de futuro…

 

Federica como una accidentada gravemente

(O un insecto más)

Se autoexcluía de la llamada “actualidad”

Como si el tiempo no pasara para ella

(No hubiese pasado jamás)

De manera que podía correr tras él

Como se corre con una pequeña red

Tras de una serpenteante mariposa

O como si todos los momentos del tiempo

Pudieran coexistir en ella simultáneamente

(Y lo sucedido ayer no hubiese sucedido aún)

 

Una fina llovizna surgía en el aire

Aparentemente sin precipitarse

Cuando ella vino hacia mí

Envuelta en una prenda de lana

En cuyo borde finamente rizado

Se formaban millones de diminutas gotas de agua

Provocando en su rostro

Una especie de plateado resplandor


Llevaba un gran ramo de hortensias en un brazo

Cuando llegó al umbral 

Levantó su mano libre

Y apartó el cabello de mi frente

Parecía plenamente consciente de que

Con aquel gesto

Habría adquirido el Don

De ser recordada para siempre

 

Sigo viendo a Federica tan bella como era entonces

Inalterada

Como cuando alguna vez

Entre veloces esbozos

De bosques doblegados por el viento

Arrecifes, atolones, y humo a la deriva

Me preguntara, inclinándose hacia mí:

¿Ves las copas de las palmeras en la casona de Témperley?

¿La gran cama de cedro americano con el respaldar tallado con motivos vegetales?

¿Y tu escritorio de caoba con la carabina Rémington

Siempre cargada, y dispuesta a un lado sobre un tapete azul?

¿El gran retrato de Zapata y la biblioteca con listones verdes?

¿Me ves aún desde aquella enorme ventana ornada por vidrios de colores

Cuando voy y vengo desde la cocina atravesando el patio

(Más de una vez desnuda, para tu escándalo)

Intentando arrancarte de la tristeza y del total ensimismamiento?

¿Y haciéndote el amor?

¿O fastidiada e impotente porque nada ni nadie podía con tu sueño?

¿Me ves viéndote llorar, y pensar, y dormir, y escribir…

Y luego confesar un amor, al que solo la muerte

Podría poner fin?

 

Pero ella nunca estuvo allí

El escritorio no era de caoba

Y la muerte no pudo remediarlo


Texto: Eduardo Magoo Nico

domingo, abril 18, 2021

Treinta y seis grados


 

La he perdido

Irremediablemente

Mis intentos han sido insignificantes

Tardíos

Inútiles

Me engaño a mi mismo con los refugios de ventura

Las pequeñas chozas

Los ranchos transparentes

Las casitas de cartón

Las enramadas de todo tipo (y de todas las etnias)

 

Pusimos una lámpara de camisa incandescente

En el espacio que está detrás del rancho

(Que fue jardín cuando mi madre se ocupaba

De sus plantas con flores y de los frutales)

Una de esas lámparas de alcohol o kerosene

Que usábamos años atrás en el campo

Y que se siguen usando

 

A Federica le llamaron inmediatamente la atención

Las mariposas nocturnas

Para mí, habían sido hasta esa noche

Solo una molestia más

Como por otra parte, la infinidad de insectos

Que asolan las pampas

(Digamos que de “las nubes de langostas”, ya mi generación

Se había librado

¿Qué terribles consecuencias traerá esto?

No lo sabemos)

 

Darwin describe en un pasaje de sus crónicas

Una enorme bandada volando sin interrupción

Durante varias horas a diez millas de la costa sudamericana

En la que, según él, era imposible (incluso con el catalejo)

Encontrar un trozo de cielo abierto

Entre el aleteo tambaleante de las mariposas

 

¡Tenemos aún las mariposas!

Que acudieron en masa al entorno de la luz

Describiendo miles de curvas, espirales

Y rizos de sombras coloreadas


Con pericia de entomóloga

Federica, extendió una gran sábana blanca

Bajo la lámpara, donde iban a posarse por un momento

(O simplemente caían agotadas)

Cientos de mariposas

 

La mayoría era de un color básico sencillo

Y mostraban al agitar las alas

Líneas transversales u onduladas

Manchas en forma de luna apenas naciente

Pecas, flecos, franjas en zigzag

Y nervaduras de colores inimaginables...

Verde seco mezclado con azul

Alazán y azafrán

Un amarillo arcilloso

Que afloraba bajo el blanco satinado

Y un extraño brillo metálico, como de latón

Salpicado de oro pulverizado

 

De día duermen

Están como muertas cuando se las encuentra

Deben saltar por el suelo como un "Piper"

Antes de levantar el vuelo

La temperatura de su cuerpo

Es entonces de treinta y seis grados

Como la de los mamíferos, los delfines

Y los atunes, cuando van a gran velocidad...

¡Treinta y seis grados!

¡Una especie de umbral mágico!

 

Todos los males del hombre

Están relacionados de algún modo

Con la desviación de esa norma

Y con el estado ligeramente febril

En que continuamente nos encontramos...

 

Ella amaba, sobre todo

Las estelas de luz

Las huellas o los fantasmas

Que dejaban los insectos detrás de sí

Tras brillar una fracción de segundo...

Ese relampaguear de lo irreal en lo real

Y determinados efectos que se proyectaban en el paisaje

(O en los ojos de la persona amada)

 

A veces, al ver una de esas polillas

Que vienen a morir en mi casa

Pienso en qué clase de miedo y de dolor sienten

En el momento en que se extravían...

En mi extravío

Yo me he sentido más de una vez

Una falena azul en el último trance

Agarradita a la vida con toda la fuerza de mis garras

Como ayer noche a la tela de lino

En la que Federica me observaba

Mientras mi cuerpo transido de amor

Comenzaba a paralizarse

 

Todas las formas y colores

Se disolvían en una neblina perlada

No había contrastes ni graduaciones

Solo transiciones fluidas

Con pulsaciones de luz

Que reflejada en sus ojos

Me transmitían una especie de sensación de eternidad

O aceptación

O alma

Un alma tan llena de almas

Que parecía una nube palpitante

De luz multicolor


Texto: Eduardo Magoo Nico

sábado, abril 17, 2021

Los nidos


 

A diferencia de las aves

Que construyen durante siglos el mismo nido

Nuestra megalomanía y ambición

Hace

Que tendamos a construir edificios enormes

Empresas, aparatos

Que van más allá de nuestras necesidades

Y de cualquier límite razonable

 

Si hiciéramos un catálogo

Se comprendería que los que están

Por debajo de la norma

En la arquitectura doméstica:

 

Las cabañas de campo

Los ranchitos de adobe

Los refugios de montaña

Las casitas de los niños

Las plataformas en el árbol

Los pabellones de los parques

 

Son los que nos ofrecen, al menos

Un vislumbre de paz...

Mientras que los “Palacios de Justicia”

Suelen ser construcciones horrendas

 

En la admiración de lo gigantesco

Hay ya una forma de espanto

Pues lo desmesurado

Aloja en sí

La sombra de su destrucción

Y nuestra propia ruina


Texto: Eduardo Magoo Nico.

viernes, abril 09, 2021

Orfiche


 

“Chi intende fare offerte agli dèi, offre per primo al volo, un volatile. Cosi disse e sollevò il peplo, ed esibì per intero un luogo del corpo per nulla decente. E Iacco fanciullo si precipitò con la mano, ridendo, sotto il grembo di Baubò. Di ciò sorrise la Dea, e si rallegrò nel suo animo, e accettò la variopinta brocca, dove era il Ciceone”.

 

Leggevi i libri a tua madre

 

E poi di notte coperto con una pelle di cerbiatto

 

Euòi sabòi, euòi sabòi, danzavi

 

Con il fango e con la crusca

 

Purificavi gli iniziati:

 

Ho fuggito il male, ho trovato il meglio!

 

Orgoglioso, perché nessuno mai grida

 

Con voce tanto acuta

 

Hyés attés hyés attés!

 

 

 

Le vecchiette ti salutavano

 

Come corifeo

 

Come guida

 

Come portatore d’edera

 

Come chi regge il tirso

 

E in cambio tu ricevevi

 

Pappe di pane inzuppato

 

Ciambelle e dolci freschi

 

Chi non si sentirebbe felice, così

 

Della propria sorte?

 

 

 

Come se il figlio di Calliope tu fossi

 

E al re delle Muse tu seguissi, suonavi la cetra

 

Il tuo suono muoveva alberi e sassi

 

E con questo pneuma agli uomini scoprivi

 

Lettere e sapienza:

 

“Vediamo per mezzo della luce splendente

 

Nulla vediamo per mezzo degli occhi

 

Perché soltanto per noi, iniziati

 

É sacra la luce del sole”

 

 

 

Il Ciceone si è bevuto:

 

La discesa!

 

 

 

Ciò che ti è stato dato

 

Consumalo

 

Getta nel canestro

 

Cono, astragali, specchi..

 

Perfette ecatombe

 

Gli uomini invieranno in dono

 

Innalzando alto il clamore

 

Gradito agli dei

 

Attés hyés hyés attés!

 

Attés hyés hyés attés!

 

 

 

Trottola e rombo e bambole

 

Con le membra articolate

 

E belle mele dorate dalla voce sonora

 

Getta nella culla!

 

Nessuno mai griderà

 

Hyes attes, hyes attes!

 

Con voce tanto acuta

 

E nella brama di liberarsi degli empi progenitori

 

E della follia senza fine, celebreranno i riti..

 

 

 

Canterò per chi è in grado di comprendere

 

Parole conformi a verità e giustizia

 

Ho mangiato dal timpano

 

Ho bevuto dal cimbalo

 

Ho portato il vaso

 

Sono sceso

 

Ho versato devotamente

 

Il mio seme

 

Nella fenditura sotterranea

 

 

 

Gioisci, tu che hai sofferto!

 

Capretto cade nel latte

 

Gioisci tu che hai sofferto!

 

Ariete cade nel latte

 

Escrescenza di un corpo indolente

 

Cadi nel latte

 

Gioisci tu che hai sofferto!

 

Struzzo, balza nel latte!

 

 

 

Gioisci, si

 

Perché adesso cammini lungo la strada

 

Che va verso i prati

 

Della sacra Carnia

 

Dove ancora le donne

 

Dedite ai riti orgiastici

 

Fin da tempo molto antico

 

Hanno l’odore del sangue infecondo

 

E dello sperma umano

 

 

 

E dopo averne goduto

 

Fino al delirio

 

Fa risuonare grida divine

 

Hyés hyés hyés attés!

 

Hyés hyés hyés attés!

 

Il corpo alla potenza della morte

 

Si adegua

 

Poi vivo rimane ancora un simulacro

 

Perché solo questo discende dagli dei..

 


Testo: Eduardo Magoo Nico.

Foto: Eduardo Magoo Nico.