martes, agosto 04, 2026

DE NÁUFRAGOS Y NAUFRAGIOS


 

Escribo sobre las sombras


que no puedo evitar,


el resto (la realidad) me agobia,


me entristece.




No tengo un vocabulario amplio.


Fuera de la gruta donde vivo


todo es extranjero.


Recorto palabras para obtener vocablos


o recurro al diccionario a contrapelo del lenguaje.


Mi oralidad es precaria.


He sido despreciado y usado.


He vivido en el desamparo de la clandestinidad.




¡Ay! ¡Si pudiera volver a tener un gallinero,


una majada de ovejas,


una quinta donde broten los zapallos!


Sería, tal vez, feliz.


Supe tener una gallina como novia


y una perra muy amada en mi infancia.


La gallina (más cretina que yo)


sabía, sin embargo, leer.


Leía en mí todo lo que yo desconocía.




Bocas enganchadas, inseparables


las nuestras, antes y después de la boda.


Dos ojitos negrísimos allá arriba, controlándolo todo.


La gallina fue apucherada


cuando empezaron las manducaciones.


Su cuellecito delicado de azucena


con salpicaduras rojas de destrozo fue devorado.




Hay en esta lluvia soledana un celaje triste.


Algo hecho trizas dentro de mì


baja en un río repleto de manzanas danzantes


como cabecitas mofletudas


de ángeles mutantes.




Aprendí a llorar en esta isla sin tonos.


En torno a ella vi cómo se desplegaba el mundo.


Y en el mundo un renacuajo.


Una semilla humana.


Un feto al revés.



Texto: Eduardo Magoo Nico






lunes, agosto 03, 2026

LA TERRAZA



Ojazos de vaca los que me miran


abundantemente ahora.


Yo supe detalles y formas.


A veces ponía punto


a veces coma cuando perdía el habla


(para evitar lagunas silenciosas).




Los ruidos de adentro


no se corresponden con el sibilino fluir


de los lenguajes extranjeros.


La boca abierta piensa.


Había palabras y gradaciones de grises


en los escalones que subían a mi terraza.


Flores de nácar y no me olvides,


alegrías del hogar.




¡Ansia de inspirar y de espirar


de una vez y para siempre!


(Un paréntesis puntual).


Porque tanta pena y bruma


nos quiebra el alma,


es que algo redondo


y brillante como el sol,


nos hace falta.



Texto: Eduardo Magoo Nico

Foto: Alejandro Pi-hué


DE FUEGO Y AGUA

 



La nariz, la cejas, el bigote, la tijera,


la pinza de depilar ancestros.


El frío del acero sobre la piedra.


Mirando mi dedo anular, finalmente descanso.


Alitas de cachalotes sobre un fondo azulino.


En la arboleda oscura, el albur tenue de la luna


me salpica de oro y miel.




Pétalos quemados, mis manos


caen en el fondo del pozo


donde llamea aún intermitente


una rosa roja de sangre.



Texto: Eduardo Magoo Nico

Foto: Alejandro Pi-hué