jueves, junio 07, 2018

La niña mugrienta




Una vaga insinuación de brisa

Simula

Amaga

Hasta casi tocarme la cara

(Una vieja foto tajeada

Y enredada en un sauce)

Mojada por las brumas del riachuelo



Tenía que ser así y así ha sido

El gotear monótono de las páginas

Y de los días

El clarear

Una fecunda llovizna de oro

En el cumplimiento del amanecer



La lejana mancha negra y tuerta

(Casi un insecto)

Se acerca temerosa

Me escucha con ojos desconfiados y tenaces

Pide cuentos



Avergonzada y lastimosa prueba

Es su ausencia

La hermosura no es indispensable

Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Gabriel Martino

viernes, febrero 16, 2018

Zamba


El patio era sobrio y los malvones mudos
Profundas arrugas en los árboles viejos
Un halo verdeante de luz
El musgo
Cerdos salvajes, un pozo azul
Espacios en calma

Levantar un dedo
Sacudir la cabeza
Las palabras hicieron allí la risa y el suspiro
(Una fuente profunda y tenebrosa)
Tocaron el velo que separa a los amantes…

Él regresó a la carcasa de su corazón extranjero
Ella se volvió altiva como el atrio y los geranios:
Vagaba por el salón de los libros
-¡Ah, la variedad de las cosas de este mundo!
Racimos de abejas
Columnas de miel

Sintió temblar en los mosaicos
Un pueblo invisible y discordante
Sutilmente carnoso en las miradas
Un torbellino de rebaños teñidos con la misma sangre
Ávido de emancipaciòn…

Inútil tristeza
El lomo rayado de los puercos
Un monte bajo
El umbroso santuario del Ombú
Y en el pozo cuadrado del cielo
Una hormigueante inmensidad
El llanto
La mujer amada

Tendido en el ninfeo
Halló su propio cadáver
Sin embargo, puesto que conocía de verdad
La tristeza
Y el amor
La muerte lo continuó llorando

Alta y sombría casa
Fuente de mis sonrisas
Cielo turbio y verde
Senos metálicos
Cabellera africana


Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Gustavo Piccinini

martes, diciembre 05, 2017

César Aira - La luz argentina



“El relámpago seguía siendo instantáneo, nadie lo negaba. Pero lo instantáneo se volvía eterno, por el solo hecho de que alguien lo pensara suspendido. Algo así, se decía Reynaldo, debía de haber sucedido con los famosos jardines colgantes de Babilonia. Un jardín, el del Edén por ejemplo, o cualquier otro, uno de los tantos vergeles que ocuparon la imaginación desocupando a los pensamientos, es en su posibilidad la clave del ocultamiento de las ideas, los Gedanken, un bello sitio salvaje oculta el sombrero de Napoleón, según la famosa analogía, y otras muchas cosas que no se sabe qué son. Es que en el tiempo de la naturaleza el pensamiento no tiene tiempo para hacer frases. Una semilla, por ejemplo, germina en un instante, en el instante de un instante. Cada frase es un dibujito disimulado. El todo resulta difícil de imaginar, porque no hay superficie: los planos están, precisamente, suspendidos. Una muchedumbre perdida entre los árboles buscando el sombrero de Napoleón, puede perder mucho tiempo. Los jardines de Semíramis, en algún momento de la historia, fueron la corona final de la política. De la política más sagaz, ya que embaucaban al mundo con una metáfora demasiado evidente de la actividad humana. Con un exceso de fotosíntesis. Porque siempre habría una reina dispuesta a retraerse en la sombra del follaje diurno. Un misterio sin enigmas, como los relámpagos.”

César Aira, “La luz argentina”, pag. 57. Centro Editor de América Latina – Capítulo – (1983).
Foto: Alejandro Pi-hué.

sábado, octubre 28, 2017

La sirenita II



La sirenita, amor de la ballena por los náufragos

Animal de piel fría y sangre caliente

Sobre una roca en la rompiente

Repasa su pasión terrestre



Hay una infamia en lo que de ella viene

Parte y enluta

Una blancura excesiva y transparente

Ofelia de cuya mano se abre el ramo

En el agua lenta del estanque



Leves los toques que sentimos

(Casi imperceptibles empujones)

Sin embargo en la tibieza y liviandad

De ese primer abrazo

Se escondía la potencia de una fuerza superior



Nosotros, que creíamos decir solo lo nuevo

Perdimos la palabra

En esa tierra de ninguno

(El lugar de nuestro encuentro)

Silencio que antecede el canto

Y le otorga una voz



Yo (que no quise saber)

Cómo el cuerpo de una mujer

Podría ser acariciado

De sus tetas blandas me prendí

Como un parásito insaciable



Ahora vuelven a mí las palabras

Que en vos hubiese aborrecido

Foca parlante…

Viscosidades, equívocos, espasmos

Ranosidades, anemia, pólipo

Proteo, coral, hidromedusa

Escualo, ansiedad, sonambulismo

Biso, hipocampo, erizo

Loloch loloch (amorcito)

Lola pirá, piramboiita, cururú…

¡Siestas de sol!

¡Siestita!

Y ese tu "huele a sobaco de lobo"

Dicho con un mohín tramposo



Uno viene como dormido

Cuando vuelve al tranco del desierto

Basta el declinar de un parpadeo

Para que sus hilos invisibles me envuelvan

En la dulce cautividad de quien por bien poco se rinde…

Dos pálidas camelias o un rubicundo eucalipto

Son suficientes

Para verme lanzado, nuevamente

Sobre el delirio del mar


Texto: Eduardo Magoo Nico
Foto: Magoo

viernes, febrero 24, 2017

El olvido



Me preparé largamente para la lluvia
(Nosotros los pobres, los invictos)
Para licuarme el alma

Hace cuatro cinco estaciones llueve
Luego siguió lloviendo
Así vino el nombre de lo llovido
(Como del maullido de un gato)
No escrito
No pensado
Cantidad de veces no entendido
(Mojado)

Maúllo
Nado
Hace cuatro cinco estaciones
Veo llover lo llovido
(No escrito)
Gafas

Ella fue una visita al pasado
Una sesión de espiritismo
Una sonrisa
Una niebla que cualquier otro
Podría haber atravesado en mi lugar

Encogido  
Inmóvil en la parte más alta del mundo
Tenía ahora su conciencia
En el centro de la perfecta soledad
Que había supuesto

Me preparé largamente para la lluvia
(Nosotros los pobres, los invictos)
Para licuarme el alma

Texto: Eduardo Magoo Nico
Imagen: Paul Delvaux

miércoles, junio 08, 2016

Ka clásico




Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo desde luego
(La vacuidad engorda)
Rapto 
Y parto
Rápidos casamientos
Fatalidad lexicográfica
Amor rubio
Sabia savia de la reversión y del relevo
En el sendero declinante del impulso

Varona
Párpado de metal
(Ningún negocio abierto)
Había renacido en mí
Con otro nombre
(Lo encontré en un poema)
Bajo otro nombre, yo
(Lo perdí en un poema)

Amurado
A gogó
(Aié ají ajó)

De parche en parche bochincheo
Toco el bombo 
(Bongó borocotó)
Pero no toco, no
Hago que toco
Con la punta del palito, la latita
(Robo la guita)
Pero no toco

¡Tata, tatita!
¡De tango en tambo, te hiciste!
En bosta y nafta y noria
(Pero yo no toco...)
No

Varona
Parpados de metal
Nobles figuras en rescoldo
Persianas bajas
Pasión morocha

-Déale ché, levantesé
(¡Álzate alma, asume un oportuno vigor!)

Y dejá de canturrear tu cantilena...
¡Ma que Empalme Lobos, ni Empalme SanVicente!
Acá se acabó el biógrafo
¡Mirá el portón!
¡Tenés que pensar en el globito!
En el globito de Huracán...

¡Abrí el ojo!
¿Vés como empieza a levantarse?
Lo primero que hay que hacer
Es inflar una personalidad
(Lo dijo doña Petrona...)

Después viene el relleno:
Pensá en Gato, pensá en Mancha
Pensá en algún otro, que podés ser vos
Pensá en Ramsés, pensá en Pihué, pensá en Mourinho
¡Metéte adentro, te digo!
¡Entrá en la paja!
¡Entrá, aunque te pinche!
Una espina más o menos...
¡Tenés que decir Yo, entendés!
¡Yo! Pelotudo...

¿Yo?
Yo: Eructo
Eructo sin permiso
Eructa el súper ego y eructa el yo sumiso
Yo eructo, desde luego
(La vacuidad engorda)
Y siempre es demasiado poco
Lo bastante
(La pucha, ningún negocio abierto)

En la vereda, el hembrimacho ondula
Dengoso
Había nacido por mí
A la alegría del color
Al mundo en el que impera, la divinidad mortal
De las cosas triviales... ¡Je! ¡Je!

¿Cómo hacer para abolir lo klásico?

Texto: Eduardo Magoo Nico

lunes, abril 04, 2016

Alejandro Russovich en Paraná



El siguiente es el diálogo que Alejandro Russovich mantuvo con los asistentes a una actividad organizada por un taller literario en Paraná en el año 1993. La misma consistió en la proyección del film "Gombrowicz o la seducción" de Alberto Fischerman, una muestra bibliográfica referida al gran autor polaco, y una conversación con los profesores de la Universidad de Buenos Aires Alejandro Russovich y Rosa María Brenca, esposa del discípulo, antiguos amigos del autor de Ferdydurke.




A.R.: Que me llamen “profesor”, se contradice con postulados típicamente gombrowczianos; si yo tuviese que hablar de mí mismo, en la situación actual, diría que soy un actor sin trabajo, más bien que un profesor de filosofía. Siempre me gustó actuar, y esta película me dio la oportunidad de hacerlo, con un excelente espíritu de taller, como fue la colaboración de todos los estudiantes del Instituto de Cinematografía. En realidad, esta película se gestó primero como un homenaje que se trataba de hacer a Gombrowicz en el Centro Cultural San Martín. Y después, Fischerman y Rabanal parece que pensaron en hacer una película. Entonces nos llamaron a Gómez, a Betelú, a Di Paola y a mí. Ellos dos iban tomando notas de nuestras discusiones y charlas, y de esa manera se estructuró una especie de guión. De modo que buena parte de lo que decimos en la película, ya lo habíamos dicho antes, charlando entre nosotros.

La verdad que evocar una relación juvenil con una personalidad tan fuerte como la de Gombrowicz, no es fácil. Yo pienso que en algunos aspectos, Fischerman interpretó bastante bien, en la película, algo que podría resumir la trayectoria de Gombrowicz en la Argentina: una gran ausencia.

El gran ausente en esta película, es el personaje central, ese de quien se habla continuamente, que imitamos Betelú y yo, principalmente porque en el tiempo en que éramos amigos, nos divertíamos bastante cuando yo lo imitaba, frente a otros en un bar.

Hay muchos episodios, anécdotas que podrían recordarse.

Fundamentalmente yo me siento muy contento en esta circunstancia y en esta ciudad de Paraná, a la cual yo le tengo una simpatía muy especial. Durante años yo estudié enfrente, en el Colegio de Jesuitas de la Inmaculada, así que Paraná, para mí, era la otra ciudad.

A mi me gustaría que abriéramos una charla para aclarar algunos aspectos de la película, aunque yo creo que, lo mismo que un chiste, una película no necesita ser explicada. Produce o no el efecto que tiene que producir de acuerdo a la técnica cinematográfica. Yo creo que Fischerman es un excelente director, y tengo la impresión de que esta película, a pesar de los medios precarios con los que se realizó, es una buena realización.

- ¿Se preparan Obras completas de Witold Gombrowicz en español?

- No, que yo sepa sólo se han editado los tres tomos del Diario de Gombrowicz, que es una de sus obras fuertes, en España. Yo recomiendo mucho sus lecturas, porque hay continuas referencias, directas o indirectas, hacia la Argentina. Él lo escribió acá. En el Diario, Gombrowicz no solamente habla de sí mismo y de su propia obra, sino de una cantidad de problemas que se refieren a su propia filosofía, a su propia concepción del mundo y del hombre, sobre todo. En el fondo, no solamente era un excelente artista y un maestro del lenguaje, sino también un pensador. Tengo noticias que hace poco apareció en Italia un libro sobre Gombrowicz que se llama Gombrowicz filósofo, y es efectivamente, perfectamente posible rastrear ideas bastante profundas acerca de la naturaleza humana en su propia obra, y en una correspondencia que mantuvo con el gran filósofo judío-alemán, o de Europa Central en realidad, Martín Buber, coinsidieron ambos en destacar ese concepto del entre del cual se habla en la película. Esto es algo que Gombrowicz vio muy tempranamente y que anticipaba en mucho la célebre mirada del Otro de Sartre, que de alguna manera reditúa la misma problemática. Es decir que el Hombre no es nada abstracto, nada general, ni siquiera individualmente considerado puede ser definido, sino como el Hombre con el Hombre. Dicen ambos: lo que surge entre uno y otro ser humano. Nos estamos continuamente fabricando, y en ese sentido fabricamos nuestra propia forma. Como diría Gombrowicz: nuestra propia facha.

- ¿Qué formación (profesional) tenía él?

- El era abogado; fue una imposición de su familia. Pero siempre se dedicó a la literatura, y nunca hizo otra cosa sino escribir. Al final, por una especie de conmiseración de la colonia polaca de acá, le dieron un empleíto en el Banco Polaco. Alquilábamos dos habitaciones en la calle Venezuela.

- ¿Cómo lo conoció usted a Gombrowicz?

- Yo lo conocí en una confitería que se llamaba La Fragata, en Corrientes y San Martín. Estaba Adolfo de Obieta y dos amigos, escritores cubanos, uno de ellos Virgilio Piñera, que fue quien dirigió la traducción al español de Ferdydurke, y verdaderamente cuando lo conocí quedé fascinado por su personalidad. Tengo que decir que yo leí a Gombrowicz mucho después de haberlo conocido. Es decir, no lo consideraba ni un escritor, ni un artista, ni un genio, a pesar de que de algún modo eso se decía de él. Si no que lo que realmente me seducía era su personalidad; su modo verdaderamente nuevo y fresco de descubrir valores en la existencia de cada uno, que generalmente quedan ocultos por nuestra educación, prejuicios y una serie de condicionamientos que se revelan como lo que son: imposiciones, valores que aceptamos como obviedades y que no ponemos en crisis. En cambio, en la relación con él siempre se producía una tensión en donde todos esos valores que poseíamos, eran cuestionados de raíz. Era una relación dura, difícil, y muy productiva y fructífera espiritualmente. Así, por lo menos, lo viví yo cuando lo conocí. Poco a poco fui, además, conociendo su obra, y sobre todo a través de los comentarios que él mismo me hacía a medida que la iba escribiendo: La seducción, Cosmos…

- ¿Él nunca sabía la página posterior a la que estaba escribiendo?

- Se puede ver el trabajo en varios planos, en varios niveles. Por ejemplo, él a veces pensaba pictóricamente, diríamos, en forma de bloque, o de rasgos que definían la situación que se producía en esa circunstancia de la novela, si no marcaba el aspecto formal, por ejemplo: ubicuidad. Hay un capítulo de La seducción que comienza precisamente con la ubicuidad, primero de los rayos luminosos, las sombras que se extienden, y todo lo que va ocurriendo en ese capítulo, tiene ese carácter sesgado, ligeramente distorsionado, buscando una finalidad, pero a través de rodeos muy sutiles. El gran problema de la Forma, como lo veía Gombrowicz, era el conflicto entre la madurez y la inmadurez. El inmaduro no tiene la medida de su propio valor, tiene que dárselo el otro, el formado.

- ¿Gombrowicz tenía miedo a la vejez?

- Sí.

-¿Gombrowicz no quiso entablar relaciones con la intelectualidad argentina del momento?

- Él era violentamente rechazado por quienes estaban alrededor de la revista Sur, aunque tampoco se lo propuso demasiado. El único puente que había entre Gombrowicz y los intelectuales argentinos de aquel momento era, justamente, el poeta entrerriano (Carlos) Mastronardi. Hasta que una vez, en un bar, Mastronardi empezó a hacer algunas alusiones de un tono un poco desmedido, o subido, a cerca de la homosexualidad de Gombrowicz. Y entonces se produjo ese momento en que él dijo: “Le doy dos minutos para que se vaya”, y como Mastronardi no se fue, se fue él. Fundamentalmente, el punto de vista de él, de Gombrowicz, era que la poesía, como el azúcar, en estado puro, concentrado, empalaga; mientras que en un café con leche resulta muy agradable. Después de todo, él era un gran admirador de los grandes poetas polacos, incluyendo al poeta nacional de Polonia.

-¿Por qué Gombrowicz se quedó 24 años en Argentina?

- El barco que lo traía atracó en Buenos Aires, y entonces estalló la Guerra (mundial). Lo que decidió el capitán y la tripulación del barco era volverse a Inglaterra, porque tampoco podían volver a Polonia que estaba ocupada. Entonces él se presentó a la Embajada, porque había un ejército, del general Anders, que era de polacos en el exterior. Pero de acuerdo a la revisación médica, no lo aceptaron.

Es decir que él estaba dispuesto a luchar, pero se quedó casi 25 años aquí, donde se convirtió, yo diría, en un verdadero escritor argentino, a pesar que escribió en polaco, pensó y descubrió verdaderamente muchos autores nuestros. En su Diario esto figura expresamente.

-Cuando Witold Gombrowicz se pone nombre y apellido en sus novelas -como en el caso de
Transatlántico- ¿utiliza lo real de su experiencia biográfica, por ejemplo en el conflicto con su padre?

-Yo creo que, por lo menos en el caso de Gombrowicz, escribir significaba poner fuera y dar forma a algo que de otra manera sería imposible de captar. De alguna manera, se da en el caso de Gombrowicz, algo que quizá sea común a muchos artistas: una elevada dosis de narcisismo, de cultivo de sí mismo como una tierra fértil.


Foto: Eduardo Magoo Nico y Alejandro Russovich en Paraná.
Texto y transcripción: Guillermo Meresman.





lunes, febrero 15, 2016

Big Mama


El abrazo del final, Big Mama
Dos copas, marlboro, banqueta moderna
Un bar en Domstraat
Netherlands
Hule y raso igualmente arrugados
Tu teta desesperada
Para mi mejilla dolorida
Spleen
Borrachería
Warhol emergiendo de una boca de tormenta
Una chica en sus hombros
Y el lente de una cámara en la oreja
Todo es falso, lo sé 
El lomo lo pone otro
La chica ya no es Big Mama
Sabiéndolo
No hay poesía
Hay un borde negro sobre el brazo desnudo
Y apenas musculado
Hay tres dedos de cuya flexión depende
Todo el equilibrio
Y un pulgar oculto en otro negro
Muy flou
De una calle neoyorquina
Neverland
El abrazo del final, Big Mama
De moda
En una foto cualquiera


Texto: Eduardo Magoo Nico

Ilustración: Gustavo Piccinini (Engrudo-1995)


martes, diciembre 08, 2015

La más perfecta carne

 
 
 

La más perfecta carne al partir

Parte el ser

En mil fragmentos desiguales

Un sentimiento de profundo

Y singularísimo

Afecto

Me inspiraba Noelia

 

Cuando su rostro atravesó

La ventana

Su magnífica cabellera de lluvia y llanto

Llamó la descarga

Un fuego hasta ese entonces desconocido

Que ni abraza

Ni envuelve

Ni quema

Encendió la más perfecta carne

Que al arder

Rompió su imagen

En mil porciones diminutas

 

Amarga y torturadora

(No de Eros, no de Psique)

Fue la convicción gradual

De que en modo alguno

Yo podría definir

Su carácter insólito

O regular su intensidad



Texto: Eduardo Magoo Nico

Ilustración: Gustavo Piccinini

jueves, noviembre 12, 2015

Néstor Ortiz Oderigo

 
 

DICCIONARIO DE AFRICANISMOS EN EL CASTELLANO DEL RIO DE LA PLATA

 
(Algunos ejemplos resumidos por mi de esta magnífica obra, al solo efecto de su divulgación) E.M.N.

 
Ají. Los esclavos y sus descendientes brindaron "platos" diversos a la cocina del Nuevo Mundo, distintos condimentos y aun técnicas y utensilios para la preparación de los alimentos. El ají es uno de estos ingredientes. La dicción aparece en distintas lenguas africanas. En el idioma hausá o ausá, posee el significado de "especie picante", "algo picante", etc.

¡Ajó! Interjección con que se incita a los niños para que hablen. T.J. Bowen, en su Grammar and Dictionary of the Yoruba Language, Washington, 1858, cita la exclamación nagó o yorubá ¡ojo!, que bien puede haberse trocado en ajó gracias a los dilatados años durante los cuales el vocablo africano surcó las rutas americanas, sobre todo pronunciado por las amas de leche y las mucamas que, provenientes del Africa, trabajaban en América.

Amurar. En el lunfardo o caló de nuestra ciudad el vocablo adquiere distintas acepciones. La palabra proviene del hausa, hausá o ausá en el que amure significa "casamiento". También se registra el sentido de "abandonar". Con esta última acepción, dice el tango: "Percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida".

Bamba. Bamba era una de las seis antiguas provincias del viejo y famoso Reino del Congo. En el Río de la Plata otorgó denominación a una "nación" congoleña. En México, el vocablo bamba brinda nombre a una conocida y vetusta danza folclórica de origen africano, hija del negroide Estado de Veracruz. El término procede del kimbundu m bamba que significa "nudo". De ahí que los bailarines, sin interrumpir el desarrollo de la danza, anudan una soga con los pies. En la Argentina, los miembros de la "nación" bamba poseían un canto titulado Bamba queré, que aún hoy posee amplia vivencia y vigencia folclórica en el Brasil.

Badulaque. Tonto, persona de poca razón y sin fundamento en sus ideas o comportamiento. La dicción encuentra su génesis en el idioma cafre, pueblo bantú que habita en la parte oriental de Africa del Sur.

Benguela. Al amparo de la denominación de benguelas o banguelas se introdujeron en el en el Río de la Plata innumerables esclavos. En la Argentina, la "nación" de estos nombres, aliada de sus congéneres los comundás, llegó a conquistar un agudo vértice de significación. Trátase de un grupo etnocultural de raíz bantú. En el candombe nos decía un anciano informante afroargentino se practicaba el "toque" tamborístico benguela, caracterizado por su tempo o movimiento rápido, violento y raudo.

Cachimbo. Pipa rudimentaria que usaban para fumar los negros y las negras del Río de la Plata, sobre todo durante la época de la esclavitud. Estribaba en una fina caña de alrededor de treinta centímetros de longitud, por la cual pasaba el humo del tabaco o del pango que se quemaba en un pequeño receptáculo, por lo general de arcilla. Jose Antonio Wilde en su conocida obra sobre nuestra ciudad y sus costumbres anota: "Las negras lavanderas allí en el verde en invierno y verano, hacían fuego, tomaban mate y, provistas cada una de un pito o cachimbo, desafiaban los rigores de la estación...". El termino procede del vocablo kimbundu ka-tchimbu.

Cachucha. Baile afrohispano también conocido con la denominación de María Cachucha, nombre con el que en el Río de la Plata se incorporó al ambito de los juegos infantiles. en el lunfardo porteño, el vocablo designa el órgano genital femenino. Es un africanismo engendrado en el horizonte de las culturas angola congoleñas.

Candombe. El vocablo candombe brinda denominación a una ceremonia afrorioplatense de dilatada tradición. Se adjudica el nombre al ritual que se llevaba a cabo, a la especie musical con que se acompañaba y al tambor unimembranófono que señalaba su pulso. Deriva del adjetivo kimbundu (erguida rama del frondoso árbol de los idiomas bantúes) ndombe, cuya acepción es "negro", y el prefijo de concordancia ka que aparece con suma frecuencia en esa lengua. Por consiguiente, significa "negro", "perteneciente a los negros", "propio de los negros", etc. Ha sido registrado en distintas latitudes africanas en que florecieron las culturas bantúes. Y hasta una región de Angola, desde la cual llegaron millares de negros al Río de la Plata, lleva la denominación de Candombe. Por otra parte, fue incluido en el canto patriótico en que los negros uruguayos celebraron la libertad de vientres rendían homenaje a la Constitución. Suscripto por "Cinco ciento neglo de tulo nasiones", ha sido adjudicado a Francisco Acuña de Figueroa:

Compañelo di cadombe

pita pango e bebe chicha.

Ya le sijo que tienguemo

no se puede sé cativa:

Po léso lo Comundá

lo Casanche, lo Cabinda,

lo Benguela, lo Monyolo,

tulo cantag tulo grita...

Congo. Extensa comarca del Africa ecuatorial. Está poblado por negros bantúes. Congo también es una danza afroamericana bailada en diversos países del Nuevo Mundo, sin excluir a la Argentina. Se relaciona con la coronación de los reyes congos. Esta danza también se bailaba, semejante a la congada afrobrasileña y al candombe afrorioplatense en la Plaza Congo de Nueva Orleáns, Luisiana, Estados Unidos, donde la observó el escritor Lafcadio Hearn. La danza congo pertenece al acervo musical y coreográfico que respalda al jazz y a diversas ramas de la música afroestadounidense. En el Río de la Plata presenció la ejecución del baile citado al amparo de las denominaciones de chica, chika o martinica. Asimismo, el vocablo congo proporciona título a un tambor unimembranófono afroargentino, también llamado omo o niño, y utilizado asimismo por los negros de Haití para acopañar sus bailes litúrgicos y seculares. El vocablo congo dimana de la voz congoleña kongu, que significa "viejo", "antiguo".

Cumbia. Baile afropanameño y afrocolombiano. Este vocablo proviene del término yoruba o nagó kumba, que significa hacer ruido, gritar, armar escándalo; así como brujo, hechizero, mago, adivino.

Chimango. Ave de rapiña, de color pardo oscuro, pico y garra curvos. La palabra encuentra su fuente de orígen en la voz kimbundu xima-ngu.

Chongo. Vocablo de linaje kimbundu. Lo empleaban los tratantes de "marfil negro" para referirse a los esclavos robustos, dotados de excelentes condiciones físicas que los tornaban muy aptos para el trabajo. En el lunfardo de nuestra ciudad, y en el ámbito de cierto tipo de personas, se adjudica al individuo poseedor de cualidades "pronunciadamente varoniles".

Mucama. Se trata de un término africano derivado del kimbundu mukama, formado por el prefijo de primera clase mu y el radical kama. Durante la época colonial, en el Brasil, se aplicaba a las jóvenes esclavas que trabajaban en las casas de familia y eran amantes de patrones. La misma acepción posee la dicción en Angola, desde donde llegó la voz al Río de la Plata.

Milonga. Denominación de uno de los bailes tradicionales de nuestro país. En kimbundu, la voz, que se construye con el prefijo mi y longa, palabra, y cuya forma singular es mulonga, literalmente quiere decir "multitud de palabras", "palabrería hueca", "disputa verbal", "discusión acalorada", "querella", etc. Con idéntica significación se la utiliza en el Brasil y, sobre todo, en Pernambuco, donde la hemos escuchado pronunciar. Agreguemos que milonga, tango primitivo y ragtime poseen el protoplasma y la membrana del mismo núcleo de la célula musical africana y afroamericana. Cabal ejemplo de ello, entre muchos otros, es la página rotulada El porteñito, de Angel G. Villoldo, que es un ragtime perfecto, un Perfect Rag, como dice la obra de Jelly Roll Morton. Además de la acepción apuntada, en el idioma kimbundu, posee el significado de "mujer de vida inmoral" y en este caso se utilizan asimismo formas como milonguita y milonguera.

Mina. Trátase de un término muy notorio en el lunfardo o caló porteño. Según nos informan diversos viajeros y exploradores, los negros minas cobraron notoriedad por sus fiestas y diversiones en el que las mujeres lucían aderezos espléndidos y espectaculares y vistosas y rutilantes alhajas, así como demostraban un carácter jovial y expansivo. Por lo cual la voz de que hablamos se convirtió en una expresión alusiva a la mujer y en particular a la mujer de vida disipada. Vale la pena señalar que los negros minas, también llamados guin, integrantes de una de las naciones sudanesas que la marea esclavista trajo al Río de la Plata, heredaron el primero de estos nombres del tristemente célebre fuerte Elmina o Sao George de Mina, capital emporio de esclavos en poder de los portugueses y la primer factoría negrera, fundada en el año 1470 y visitada por Colón en sus andanzas esclavistas antes de emprender viaje al Nuevo Mundo. El vocablo pertenece al idioma yorubá o nagó de Nigeria y parte del Dahomey, en el Africa Occidental.

Pango. Hierba que utilizaban los negros del Río de la Plata y de otras regiones americanas en lugar de tabaco para fumar. Su nombre científico es Cannabis sativa L. Beaurepaire Rohan anota que es "el nombre angoleño del cañamo". En kimbundu, el cáñamo se denomina pango o diamba. La corriente esclavista introdujo el pango en diversas latitudes del Nuevo Mundo, aun la Argentina y el Uruguay, países en que los negros lo fumaban en sus pipas, cachimbos o pitos. Francisco Acuña de Figueroa, en su Canto patriótico de los negros, que aparece en el conocido Parnaso Oriental, escribe:

Compañelo di candombe,

Pita pango y bebe chicha, (...)

Tango. A nadie pueden conformar, ni remotamente, las apresuradas incursiones filológicas que, hasta el instante en que vivimos, se han realizado acerca de esta voz, sin tener el más leve conocimiento de lenguas africanas, ni de cuestiones africanistas. Puntualicemos sin tardanza que la dicción tango es, lisa y llanamente, un africanismo, una corrupción del nombre de Shangó o Changó, dios del trueno y las tempestades y numen de la música, así como posee otros atributos en la mitología de los negros yorubás de Nigeria, en el Africa Occidental. Y esta aseveración cobra cuerpo y se robustece si tenemos en consideración que en la Argentina, así como en otros países de nuestro continente, el tambor llevaba el nombre de la popular danza y que, en la mencionada mitología, Shangó es el dueño de los membranófonos, a tal punto que existen ciertos percusivos, como los batás que, hasta la hora presente, sobreviven en Cuba y acaso en Trinidad, donde los rituales litúrgicos de origen africano llevan, precisamente, la denominación de Shangós, que sólo se tañen para ese dios temido y temible.

Tango cayengue. La expresión se aplica a los tangos de tañidos bien "quebrados", "a lo raza africana", como antes mal se decía.
 
 
Néstor Ortiz Oderigo, "DICCIONARIO DE AFRICANISMOS EN EL CASTELLANO DEL RIO DE LA PLATA", EDUNTREF, Editorial  de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, abril de 2007.